EE.UU: La estrategia de seguridad nacional del ‎presidente Joe Biden

ESTADOS UNIDOS… ARGOSIS: ABRIL 07 DE 2021

xThierry Meyssan* (Siria)

Colaborador

ArgosIs-Internacional

La administración Biden se presenta como llena de buena voluntad pero también parece ‎ignorar las realidades del mundo. Encabezada por un presidente senil, se propone ‎restaurar la democracia en todo el mundo, sin tener conciencia de que las clases ‎sociales que dieron lugar al actual régimen político están en vías de desaparición. ‎Espera restablecer el Imperio estadounidense, supuestamente para ayudar a ‎los pueblos… que en su mayor parte temen a su orden imperial. La administración Biden pretende además reactivar la «guerra sin fin», pero ‎sin sacrificar vidas de soldados estadounidenses. ¿Cómo lo hará? Hasta ahora ‎no ha sabido explicarlo.


Cada administración estadounidense define la política de seguridad nacional de Estados Unidos ‎después de haber consultado a los responsables de sus fuerzas armadas y a sus propios ‎especialistas. Es un proceso obligatoriamente largo –puede demorar uno o 2 años. Pero ‎la administración Biden, ansiosa por poner fin a los “desvaríos” antimperialistas de Donald Trump, ‎hizo públicos de inmediato los nuevos principios de la seguridad nacional que pretende aplicar, ‎aun exponiéndose a tener que precisarlos posteriormente [1].‎


La idea central es revitalizar la democracia como sistema de gobierno, para poder movilizar a ‎sus aliados y mantener la organización actual de las relaciones internacionales. Esa estrategia ‎corresponde a lo que Joe Biden había anunciado en Foreign Affairs hace un año, durante su ‎campaña electoral [2].‎


Las orientaciones que Biden acaba de publicar ahora son extremadamente claras, pero ‎no responden a las interrogantes que tendrá que enfrentar. El presidente presenta ciertamente ‎una lista con varios temas de trabajo (pandemia, crisis climática, proliferación nuclear, cuarta ‎revolución industrial) pero no enuncia los nuevos problemas (caída de la producción ‎estadounidense, financierización de la economía, descenso del nivel técnico de Estados Unidos, ‎agravación vertiginosa de la desigualdad en la repartición de la riqueza). ‎


1-La democracia


La democracia es la participación de la mayor parte de la población en la adopción de las ‎decisiones políticas. El presidente Biden parece realista en cuanto a las ambiciones de sus ‎conciudadanos y habla más bien del (informed consent) –o «consentimiento informado»– de ‎los estadounidenses. Biden retoma así la terminología de Walter Lippman, el célebre periodista ‎demócrata formado bajo la propaganda del coronel Edward House [3].‎


Cuando Biden describe la democracia parece estar redactando una disertación clásica, dando gran ‎realce a la separación de los poderes y la moral de los ciudadanos [4]. Sin embargo, ‎al contrario de lo que Biden parece creer, el actual desapego de las poblaciones occidentales por ‎ese tipo de régimen político no es fruto de una desinformación imputable a los «enemigos de ‎América» –o sea a Rusia y China– sino a la transformación sociológica de las mismas sociedades occidentales. ‎


El hecho es que las sociedades occidentales se constituyeron fundamentalmente alrededor de ‎las clases medias, que hoy están en vías de desaparición mientras que los hipermillonarios se van ‎por encima de los gobiernos. Estamos ante un acaparamiento extremo de las riquezas que ‎ya alcanza proporciones nunca vistas desde la época medieval. Por consiguiente, el problema no es tanto ‎restablecer el funcionamiento de las democracias como de saber si aún podrían seguir ‎funcionando y cómo lo harían. ‎


Por ejemplo, los gigantes de internet no tienen ninguna legitimidad para arrogarse poderes de ‎censura. En el compromiso de 1791, Estados Unidos se fundó sobre la base de una total libertad ‎de expresión, estipulada en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense. Pero, ‎al principio de este año 2021, Google, Facebook y Twitter censuraron al presidente de ‎Estados Unidos –Donald Trump– mientras este se hallaba en pleno ejercicio de sus funciones, con ‎lo cual violaron no la letra sino el espíritu mismo de la Constitución estadounidense. En ese ‎contexto, ¿se puede hablar todavía de democracia? ‎


2-El imperialismo puritano


El presidente Biden se ha nutrido de la cultura imperialista puritana. No sólo cree firmemente que ‎la democracia es el mejor régimen político para su país sino que además cree que también lo es ‎para los demás países. Consciente del valor del ejemplo, Biden pretende imponer ese sistema a ‎todas las naciones redinamizándolo en Estados Unidos. Como parte de ese razonamiento, Biden ‎se fija como misión luchar contra el racismo sistémico en todo el mundo para que triunfen «la ‎democracia, la igualdad y la diversidad».


A Joe Biden no le importa que algunos pueblos no estén interesados en participar en las ‎decisiones políticas ni que crean que la humanidad se compone de una sola raza, y eso ‎no le importa porque él, el presidente Biden, es quien sabe lo que es bueno para esos pueblos… ‎lo sabe mejor que ellos. ‎


En ese aspecto, la administración Biden piensa como los neoconservadores. Al igual que ellos, ‎la administración Biden está dispuesta a imponer la democracia al resto del mundo, creyendo así ‎que lo libera. A menudo hemos subrayado que los neoconservadores no son demócratas ‎ni republicanos… siempre están del lado del poder. ‎


3-La «guerra sin fin»


La principal interrogante que se plantea sobre la administración Biden es saber si va reactivar y ‎continuar la «guerra sin fin» de los presidentes Bush hijo y Obama. Nuevamente tenemos que ‎recordar aquí que esa estrategia, enunciada por ‎el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y por ‎su consejero el almirante Arthur Cebrowski plantea la destrucción de las estructuras mismas de ‎los Estados en una parte sustancial del mundo para que los capitalistas puedan explotar ‎los países sin encontrar resistencia política [5]‎. Esa es la estrategia aplicada en el «Medio Oriente ampliado» o «Gran ‎Medio Oriente», donde los Estados ya han sido destruidos o al menos considerablemente ‎debilitados por las guerras estadounidenses en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen y Líbano. ‎


Fue George Bush hijo quien declaró oficialmente la «guerra sin fin», no contra individuos ‎o Estados sino contra «el terror», que sin embargo ha existido en casi todas las épocas y sigue ‎existiendo en casi todas las regiones del mundo. ‎


La respuesta del presidente Biden a esa interrogante es ambigua. Biden parece haber entendido ‎que los estadounidenses no quieren seguir viendo morir sus soldados en conflictos que ellos ‎no entienden. Hoy dice estar dispuesto a retirar las tropas estadounidenses de Afganistán, el ‎único país donde Estados Unidos aún mantiene un despliegue militar realmente masivo. ‎


Pero la expresión «guerra sin fin», a pesar de haber sido enunciada por el presidente George ‎Bush hijo y su secretario de Defensa Donald Rumsfeld inmediatamente después de los atentados ‎del 11 de septiembre de 2001, sólo se convirtió en realidad con la invasión de Irak, algo ‎de lo cual el presidente Biden no parece tener conciencia hoy en día. ‎


Ya sabemos, y ha quedado comprobado en numerosas ocasiones, que Biden está afectado por ‎una senilidad precoz. Pero fue él, siendo senador, quien propuso dividir Irak en tres partes ‎separadas entre sí, conforme a la estrategia Rusmfeld/Cebrowski.


Dicho de otra manera, ‎el presidente Biden no está consciente de la evolución reciente del mundo. Tampoco está dispuesto a ‎abandonar la estrategia de la «guerra sin fin» sino sólo a adaptarla en ciertos teatros de ‎operaciones para que no cueste vidas estadounidenses. Y cree poder reactivarla o continuarla, ‎sin tropas estadounidenses en el terreno, pero aportando siempre armas, financiamiento y los ‎‎“consejos” del Pentágono.


Fuente: https://www.voltairenet.org/article212599.html


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