Asia: El proyecto de “primavera árabe” se superpone a ‎la “doctrina Cebrowski”‎

Asia: El proyecto de “primavera árabe” se superpone a ‎la “doctrina Cebrowski”‎

(‘La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó y la hizo más cruel y bárbara’... Voltaire)

ASIA… ARGOSIS: ENERO 01 DE 2022

xThierry Meyssan* (Siria)

Colaborador

Voltaire


Mientras Estados Unidos aplicaba en el Medio Oriente ampliado la «doctrina ‎Rumsfeld-Cebrowski» de destrucción de los Estados, los británicos organizaron la ‎‎«primavera árabe» de 2010-2011 siguiendo el esquema de lo que ya habían hecho ‎allí en 1915 a través de Lawrence de Arabia. Las dos estrategias se superponen ‎en busca de un mismo objetivo: eliminar toda posibilidad de resistencia política ‎haciendo que la Hermandad Musulmana logre acaparar el poder en toda la región. ‎


Este artículo este parte del libro De la impostura del 11 de septiembre a ‎Donald ‎Trump. ‎Ante nuestra ‎mirada, la gran farsa de las primaveras árabes.‎ Ver la tabla de contenidos.


LA EXPANSIÓN DE LA GUERRA


El presidente George W. Bush escribe a los gobernantes de Libia y Siria conminándolos a ‎‎«destruir sus armas ‎de destrucción masiva o a ver como Estados Unidos las destruye, y destruir ‎todo sin discusión». El 6 de ‎mayo de 2002, el director de Desarme en el Departamento ‎de Estado, John Bolton, designa a Libia, Siria y ‎Cuba como próximos blancos. Libia –que ya está ‎bajo embargo– decide tratar de contemporizar mientras ‎que Siria rechaza desarmarse ‎unilateralmente y se prepara para la guerra. De Cuba no se hablará más en lo ‎adelante. ‎


Inmediatamente después de la caída de Bagdad, el Congreso de Estados Unidos comienza a ‎discutir sobre ‎lo que vendrá después. El general libanés Michel Aoun, ex líder de los cristianos del ‎Líbano, acaba de ‎declarar ante el Congreso estadounidense acusando a Siria de proteger a ‎numerosas organizaciones ‎terroristas –cuyos nombres él no menciona ‎ [1]‎. El Congreso vota por la guerra ‎contra Siria, decisión que el ‎presidente Bush ratifica el 12 de diciembre de 2003, con la Syrian ‎Accountability Act, redactada según el esquema de la ‎Irak Liberation Act de 1998‎. El 19 de ‎diciembre, ‎Muammar el-Kadhafi anuncia que su país renuncia a todas sus armas de destrucción ‎masiva y acepta ‎someterse a inspecciones internacionales.‎


Durante la ofensiva en Afganistán, el secretario de Estado Colin Powell había creado la Iniciativa ‎de ‎Asociación USA-Medio Oriente (MEPI). Esa oficina es tan importante que la dirige Liz Cheney, ‎la hija mayor del ‎vicepresidente y miembro del gobierno alternativo estadounidense Dick Cheney. ‎Sus funcionarios trabajan ‎en colaboración con los del Departamento del Comercio (para ‎el acceso y control de internet) y con la ‎National Endowment for Democracy (NED), la agencia ‎común de los servicios de inteligencia de los Estados miembros de ‎los “Cinco Ojos” (Australia, ‎Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos). En ocasión del 20º aniversario de ‎la NED, el presidente George W. Bush confirma que las ‎prioridades estratégicas son el Medio ‎Oriente y el norte de África. El objetivo de la MEPI es «democratizar» ‎los gobiernos de ‎algunos Estados aliados (Arabia Saudita, Bahréin, Egipto, Túnez y Yemen) paralelamente ‎a ‎los preparativos de guerras contra los Estados revolucionarios (Libia y Siria). ‎


La idea de que se pueda “democratizar” desde el exterior no sólo las instituciones de un Estado ‎sino la ‎práctica política de un pueblo es simplemente grotesca, además de antinómica. Pero ‎los trotskistas que ‎dirigen la NED persiguen su vieja obsesión de la «revolución mundial». ‎No les importan los pueblos, los ‎países, ni la historia particular de cada uno de los pueblos ‎y naciones, ellos consideran que la “revolución” ‎es para los demás y que el poder es para ellos. ‎En tiempos de la revolución bolchevique, León Trotski y su ‎secretaria fueron estimulados por los ‎británicos a perpetrar masacres a gran escala contra sus ‎conciudadanos, con lo cual debilitaron ‎a Rusia, y sus actuales discípulos reproducen hoy aquellos crímenes: ‎usando una jerga de ‎extrema izquierda, lo que hacen es organizar crímenes en masa al servicio del ‎imperialismo. ‎


En el terreno, el programa de la MEPI se administra exclusivamente desde Túnez o Abu Dabi. ‎Las ‎embajadas de Estados Unidos, en Túnez y en Emiratos Árabes Unidos, están construidas ‎precisamente ‎para eso: son edificios inmensos, situados lejos de las zonas que pudieran prestarse ‎para la realización ‎de manifestaciones, rodeados de medidas extremas de seguridad y dotados de ‎instalaciones subterráneas ‎mucho más importantes que las que pueden verse desde el exterior. ‎Las demás embajadas ‎estadounidenses en la región reciben instrucciones para que apliquen las ‎directivas que se les imparten, sin ‎conocer la estrategia en su conjunto. Es que Washington ha aprendido la dura ‎lección de la ocupación de su ‎embajada en Teherán por los estudiantes seguidores del imam ‎Khomeiny, donde los diplomáticos ‎estadounidenses fueron sorprendidos en flagrante delito de ‎espionaje y arrestados –no tomados como ‎rehenes, a pesar de lo que aún sigue afirmando ‎la propaganda de Washington– y los documentos allí encontrados ‎permitieron al Irán ‎revolucionario y a la Unión Soviética descubrir de un solo golpe todo el ‎dispositivo ‎estadounidense en la región. ‎


A lo largo de 15 años, como en la novela-pesadilla de George Orwell, Estados Unidos ‎ha dilapidado más de 2 ‎‎000 millones de dólares al año en la «promoción de la democracia» ‎‎(sic), a sabiendas de que su propia ‎Constitución no reconoce la soberanía popular, que es ‎la condición previa de toda democracia –sin entrar a mencionar el hecho que Estados Unidos ‎incluso ha suspendido su Carta de Derechos (The Bill of ‎Rights) desde 2001. La mayor parte ‎de los presupuestos mencionados la ha gastado la Agencia de Estados ‎Unidos para el Desarrollo ‎Internacional (USAID), después de la cual se sitúan el Buró para la Democracia, ‎los Derechos ‎Humanos y el Trabajo (dependiente del Departamento de Estado) y, finalmente, la CIA y ‎su ‎‎“ONG”, la National Endowment for Democracy (NED). Los diferentes informes evaluativos ‎muestran que ‎es imposible determinar el impacto real de esos programas en relación con ‎su objetivo oficial. ‎


En todo caso, la actual versión estadounidense de la “democracia” está lejos de ser «El Gobierno ‎del ‎Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo», del que hablaba Abraham Lincoln. El hecho es que ‎desde la fundación de los Estados Unidos de América nada ha modificado la filosofía de ‎su Constitución, la cual sigue negando la soberanía al pueblo estadounidense y atribuyéndola ‎únicamente a los gobernadores de sus Estados. En la práctica, desde la época de Abraham ‎Lincoln, en la jerga política de Estados Unidos el término «democracia» designa sólo la igualdad ‎entre las minorías –tratándose inicialmente de las minorías raciales, hoy se habla de “minorías” ‎al referirse al género y la orientación sexual [2].‎


En definitiva, la “democracia” que Estados Unidos pretende imponer a los demás es un régimen ‎político ‎servil ante el imperialismo, lo cual sólo puede comprobarse después de realizado el ‎‎«cambio de régimen».‎


Estimando que ya dirige el mundo postsoviético, Washington presenta su plan de ‎‎«democratización» del ‎Medio Oriente ampliado a sus socios del G8, en la cumbre de ‎Sea Island, realizada en junio de 2004 [3]. ‎Ninguno de sus interlocutores está convencido de que sea posible exportar la ‎democracia a países tan ‎diferentes entre sí y donde la población es a menudo masivamente ‎analfabeta, pero todos aceptan el proyecto, como habían hecho 13 años antes con la operación ‎‎«Tormenta del Desierto» ‎ [4]‎. Esta vez Rusia ‎es ‎parte de ese consenso, o al menos eso parece.‎


Durante este periodo, el primer ministro británico Tony Blair se alinea sistemáticamente del lado ‎de las ‎posiciones estadounidenses, de tal manera que en su propio país lo califican de «perrito ‎faldero» de ‎Washington. El descontento se hace sentir en el ministerio británico de Exteriores, ‎tanto en relación con ‎las increíbles declaraciones de George W. Bush y de Ariel Sharon ‎en Palestina como ante la conducta estúpida ‎y brutal de las tropas estadounidenses en Irak. ‎El ex ministro de Exteriores británico David Owen resumió ‎esa posición explicándome que ‎Estados Unidos era incapaz de ocupar un país: «Nosotros [los británicos] ‎llegamos a controlar ‎el Imperio de Indias con unos cuantos miles de hombres. ¡Nuestros amigos americanos ‎no saben ‎qué hacer en Irak, a pesar de sus 170 000 soldados y sus mercenarios!», exclamaba Owen. ‎En ‎aquel momento, 52 embajadores de Su Majestad se dirigen al primer ministro Blair aconsejándole ‎que ‎presente propuestas a Estados Unidos, en vez de limitarse a seguir a Washington en sus ‎palos de ciego ‎ [5]‎.‎


Sir James Craig, ex embajador británico en Siria y Arabia Saudita, recibe la tarea de dirigir en ‎el ministerio británico ‎de Exteriores un programa sobre el «Compromiso [del Reino Unido] con ‎el mundo islámico». Oficialmente, ‎se trata de subvencionar acciones variadas y diversas. ‎En realidad, el objetivo es montar una gran operación ‎con la Hermandad Musulmana. Un agente ‎del MI6, Angus McKee, tendrá como misión convencer a los ‎miembros del gobierno de que esta ‎política es correcta. Otro agente, Mockbul Ali, supervisa las relaciones ‎entre el ministerio ‎británico de Exteriores y los miembros de la Hermandad Musulmana que residen en ‎Reino Unido. ‎


La idea de Sir Craig es reeditar la «Rebelión Árabe de 1915». En aquella época, la diplomacia ‎británica ‎había puesto en manos de Lawrence de Arabia la tarea de unir a los árabes en contra ‎del Imperio ‎Otomano [6]. Aunque todos se enrolaron en la aventura contra el colonizador turco, ‎ninguno de los pueblos árabes conquistó la ‎libertad que esperaba. El Imperio Británico tomó el lugar del sultán. ‎Esta vez, la «primavera árabe» estará ‎dirigida contra Irán. Al igual que en 1915, Londres ‎utilizará a un grupo que todos aborrecen, precisamente ‎para que ese grupo necesite la ayuda de ‎los británicos y no pueda traicionarlos. Antes fueron los wahabitas, ahora ‎será la Hermandad ‎Musulmana. ‎


Así que, a finales de 2004, Tony Blair propone a George Bush hijo un plan para el derrocamiento de ‎los ‎gobiernos laicos del mundo árabe y su reemplazo por la Hermandad Musulmana. El 1º de ‎agosto de 2006, ‎el primer ministro británico expone parte de su proyecto en el World Affairs ‎Council de Los Angeles ‎ [7]. Allí ‎define la ‎estrategia anglosajona, afirmando:‎


«Cometimos el error de creer que combatiendo al mismo tiempo a los religiosos de al-‎Qaeda y a los ‎laicos de Saddam Hussein, implantaríamos la democracia. Tenemos, ‎por el contrario, que apoyar a ‎los “moderados” [la Hermandad Musulmana] en contra ‎de los “extremistas”» [o sea los iraníes, los ‎laicos sirios y el Hezbollah libanés].


Occidente descarta entonces la oposición entre religiosos y laicos que socava el mundo ‎musulmán y ya ‎sólo tomará en cuenta la oposición entre los nacionalistas «moderados»‎‏, o sea los que aceptan la colonización, y los «extremistas» que la rechazan. ‎


Todo eso suena bien, pero carece de sentido cuando se sabe que la Hermandad Musulmana fue ‎creada los ‎propios anglosajones, que al-Qaeda es una de las ramas de la Hermandad Musulmana ‎que fueron ‎utilizadas contra los soviéticos y que Saddam Hussein tenía viejos “compromisos” con ‎la CIA. A pesar de ‎todo eso, será ese el discurso que va a prevalecer… yendo hasta calificar a ‎los yihadistas en Siria como «moderados». ‎


Durante ese periodo, la Westminster Foundation o Westminster Foundation for Democracy, rama ‎británica de las “ONGs” dependientes de los «Cinco Ojos» –la alianza entre los servicios de ‎espionaje de Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y el Reino Unido–, y por ‎ende ‎equivalente a la NED estadounidense, promueve numerosos encuentros, principalmente con ‎miembros ‎egipcios y sirios de la Hermandad Musulmana, en particular un gran coloquio –‎en 2006– entre ‎parlamentarios y la cofradía en El Cairo. ‎


Poco a poco, Estados Unidos va aplicando el plan británico. ‎


En el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Liz Cheney crea el «Iran-Syria Policy ‎and ‎Operations Group» (Grupo para la Política y Operaciones en Irán y Siria). Este órgano ‎extremadamente ‎secreto se instalará sucesivamente en el Departamento de Estado, en el ‎Departamento de Defensa y en las ‎oficinas del padre de Liz Cheney –el vicepresidente Dick ‎Cheney. Incluye al consejero adjunto de Seguridad ‎Nacional, James F. Jeffrey, y al consejero ‎especial del presidente Bush, Elliot Abrams. Con un presupuesto ‎de 80 millones de dólares, ‎ese “Grupo” selecciona y soborna a los interlocutores que van a desempeñar los ‎principales papeles ‎en Líbano, en 2006 y 2008; en Irán, en 2009; y en Siria, en 2012. En un discurso ante la ‎Foreign ‎Policy Association, Liz Cheney compara su trabajo con el que se hizo antes con Lech Walesa ‎para ‎preparar el cambio de régimen en la Polonia de los años 1980. En Washington ‎se considera entonces a Liz ‎Cheney como el “Zar” del Medio Oriente Ampliado. Es ella quien ‎crea en Irán grupos separatistas en la ‎región de Baluchistán y organiza una gigantesca campaña ‎terrorista con una secta post-marxista –los ‎Muyahidines del Pueblo.‎


El grupo de Liz Cheney será disuelto en 2007, durante el escándalo de la «Office of Special ‎Plans» (Oficina ‎de Planes Especiales), encargada de inventar cómo justificar la agresión ‎contra Irak. Los miembros del ‎Grupo son incorporados entonces, bajo la dirección de Elliot ‎Abrams, a otra estructura –todavía más ‎‏ ‏secreta– encargada de aplicar la «Global Democracy ‎Strategy» (Estrategia de Democracia Global). Esta ‎última estructura había sido creada ‎años antes por el presidente demócrata Bill Clinton y no sólo trabajó ‎en la aplicación del plan ‎británico en el Medio Oriente Ampliado sino también en el derrocamiento del ‎presidente Manuel ‎Zelaya –en Honduras–, fomentó varios intentos de golpe de Estado en Venezuela y trató ‎de ‎organizar operaciones en Myanmar. Desgraciadamente, no disponemos de más información ‎sobre sus ‎actividades. ‎


¡RUMBO A LAS “PRIMAVERAS ÁRABES”!


Volvamos un poco más atrás en el tiempo. Para empezar, Washington prepara el próximo gobierno ‎sirio ‎siguiendo el esquema de lo que había previsto hacer en Irak: en enero de 2004, Farid ‎Ghadry, un vendedor ‎de armas, organiza en Bruselas el congreso fundacional de una “Coalición ‎Democrática Siria”. Pero hay ‎demasiados ambiciosos juntos y no logran ponerse de acuerdo para ‎escoger un líder. Así que no habrá en ‎la oposición siria en el exterior un personaje que ‎desempeñe el papel que tuvo Ahmed Chalabi en la ‎operación contra Irak. ‎


El plan anglosajón alcanza su primera aplicación concreta con la gira regional del secretario ‎de Estado ‎Colin Powell, a la que sigue la cumbre de la Liga Árabe en Túnez, en mayo de 2014. ‎Los Estados miembros ‎adoptan una Carta Árabe de Derechos Humanos ‎ [8]‎, aunque ‎todos los participantes saben que muchos de sus ‎países no aplicarán ese documento. ‎El secretario general de la Liga y el presidente de Túnez proponen ‎seguidamente la otra parte de ‎su “maletín democrático”: la adopción de una Declaración que autoriza el ‎uso de la fuerza para ‎forzar algunos Estados recalcitrantes a aplicar la Carta. Líbano –o sea, el presidente ‎Emile ‎Lahoud– y Siria –el presidente Bachar al-Assad– intervienen de inmediato. Ambos presidentes ‎han ‎reconocido la retórica de Colin Powell –según la cual la “democracia” se impone desde el exterior– y ven ‎en ese texto una forma de justificar una agresión estadounidense, cuando ‎se sabe que los verdaderos ‎violadores de los Derechos Humanos –como Arabia Saudita– no van ‎a tener problemas. Después de varios ‎enfrentamientos verbales, se modifica la Declaración de ‎Túnez. ‎


Mientras va preparándose el montaje de la «primavera árabe», sigue adelante el de la guerra ‎contra los ‎Estados del Medio Oriente ampliado que se resisten al Imperio. ‎


Jeffrey Feltman, un “diplomático” estadounidense que inició su carrera en Irak, en la Autoridad ‎Provisional de la ‎Coalición, y que goza por ello del respaldo de los hombres del 11 ‎de septiembre, es enviado a Beirut. Allí ‎debe organizar un levantamiento contra la fuerza siria ‎de paz que puso fin a la guerra civil libanesa, provocar una ‎represión sangrienta y justificar así ‎un desembarco de los marines estadounidenses para “restaurar la paz”. ‎Washington espera ‎matar dos pájaros de un tiro y apoderarse a la vez del Líbano y de Siria. ‎


En su discurso del 2 de febrero de 2005 sobre el Estado de la Unión, el presidente Bush hijo ‎menciona la ‎Syrian Accountability Act y profiere amenazas contra Siria por el apoyo que ‎ese país aporta a la resistencia libanesa ‎contra el expansionismo israelí. El 7 de febrero, ‎el Departamento de Estado convoca al embajador de Siria ‎en Washington, Imad Mustafá, y ‎le comunica que el gobierno sirio tiene 48 horas para poner fin a sus ‎relaciones con ‎el Hezbollah. El 14 de febrero, un gigantesco atentado mata en Beirut al ex primer ‎ministro ‎libanés Rafic Hariri. En cuestión de horas una campaña de prensa de envergadura ‎mundial acusa a los ‎presidentes Emile Lahoud y Bachar al-Assad de haber ordenado el asesinato y ‎llama a un «cambio de ‎régimen» en Damasco. ‎


Durante años se repetirá la historia de que el atentado fue cometido con una camioneta cargada ‎de ‎explosivos. Pero el Hezbollah sacará a la luz videos tomados por un drone de rastreo ‎de Israel que siguió ‎los desplazamientos de Rafic Hariri y realizó vuelos de reconocimiento sobre ‎el lugar del crimen en los días ‎anteriores al atentado. Como yo mismo publiqué más tarde en la ‎revista rusa Odnako, la operación fue ‎realizada en conjunto por Israel, Estados Unidos ‎y Alemania con un arma de nuevo tipo concebida con ‎nanotecnologías y usando como explosivo ‎partículas de uranio enriquecido ‎ [9]‎. Tratando de desmentir mi artículo, la ‎ONU realizará en Francia una costosísima ‎reconstrucción de los hechos… cuyos resultados nunca ha dado ‎a conocer. ‎


A raíz del atentado, los equipos del Centre for Applied Nonviolent Action and Strategies (Centro ‎de ‎Aplicación de Acciones y Estrategias No Violentas) organizan manifestaciones y una sentada ‎en Beirut. ‎Esta organización serbia es el brazo armado de la Albert Einstein Institution, creada ‎a su vez por la OTAN y ‎la NED bajo la dirección de Gene Sharp. Trabaja además en estrecha ‎relación con el jefe de la unidad ‎sicológica del ejército israelí, Reuven Gal. Desde 1989, esta ‎agencia viene manipulando multitudes para ‎derrocar regímenes políticos mediante «revoluciones ‎de colores». Fue la organizadora del intento de golpe ‎de Estado de Zhao Ziyang, reprimido en la ‎plaza Tiananmen –otro caso donde los hechos no tienen nada ‎que ver con lo que reportaron ‎los medios de prensa occidentales–, así como de las “revoluciones” en ‎Lituania, Kosovo, Irak, ‎Georgia, etc. Lo de Beirut será la «revolución del cedro», con una puesta en escena ‎de Eli Koury ‎‎(Quantum Communications), quien recibirá una invitación del presidente Bush dos años ‎después ‎de los hechos. ‎


Gene Sharp trata de impugnar mis investigaciones sobre sus vínculos con la OTAN y con la NED, ‎cuando el ‎presidente de Venezuela, Hugo Chávez, las menciona ampliamente [10]. Aunque él ‎afirma ‎lo contrario, la realidad es que Gene Sharp sí trabajó para la OTAN y que, efectivamente, ‎fue subvencionado por la NED, además de que, en el momento de las crisis, Gene Sharp siempre ‎estuvo físicamente ‎presente en los países que mencioné. Por demás, la prensa rusa confirmará ‎uno a uno todos esos puntos y ‎numerosos Estados acabarán prohibiendo la entrada de este ‎‎“filósofo” en sus países.


El principio básico de las «revoluciones de colores» proviene de un estudio que Gene Sharp hizo ‎para la ‎OTAN en 1985, titulado Hacer que Europa sea imposible de conquistar ‎ [11]‎. El autor mostraba que es imposible ‎instalar un nuevo régimen sin un mínimo de apoyo de ‎la población. Por consiguiente, es posible derrocar ‎un régimen dando simplemente la impresión ‎de que ha perdido su legitimidad popular. Partiendo de ese ‎principio, la CIA imaginó cómo ‎manipular multitudes, organizar manifestaciones y hacer creer que existe ‎una verdadera ‎revolución mientras que equipos especializados toman el poder. Desde la caída de ‎Ceaucescu, ‎en 1989, Gene Sharp y la CIA han aplicado ese escenario en numerosos países, a menudo ‎con ‎éxito. Pero el objetivo de una Revolución verdadera es transformar la sociedad, mientras ‎que una ‎‎«revolución de color» no va más allá de un cambio de equipo dirigente. ‎Una Revolución real puede durar ‎un decenio, pero la «revolución de color» es cuestión de ‎semanas. Lo más importante es que al ser las ‎‎«revoluciones de colores» simples espectáculos ‎que enmascaran golpes de Estado, los gobiernos ‎resultantes nunca duran mucho. ‎


Jeffrey Feltman coordina la campaña contra los presidentes Emile Lahoud y Bachar al-Assad. ‎Los 4 ‎principales colaboradores del presidente libanés a cargo de la seguridad del país –‎los generales Moustapha ‎Hamdane (jefe de la Guardia Presidencial), Jamil Sayyed (jefe de la ‎Seguridad General), Ibrahim El-Haj ‎‎(director de las Fuerzas de Seguridad Internas) y Raymond Azar ‎‎(jefe de los servicios de inteligencia del ‎ejército libanés)– son arrestados y encarcelados por ‎la ONU. Sólo serán liberados al cabo de 4 años, lo cual ‎facilita la agresión de Israel ‎contra Líbano, en el verano de 2006. Se crea una comisión investigadora ‎internacional bajo los ‎auspicios de las Naciones Unidas, comisión de la cual forman parte los asesinos: sus ‎dos lenguas ‎de trabajo son el inglés –una de las 6 lenguas oficiales de la ONU– y el hebreo; sus ‎dos ‎principales responsables son un ex magistrado alemán, Detlev Mehlis, quien ya había ‎trabajado para la CIA y para ‎el Mossad contra Libia, y un comisario de policía también alemán, ‎Gerhard Lehmann, implicado en el ‎escándalo de las cárceles secretas de la CIA. ‎


El Consejo de Seguridad de la ONU y el primer ministro libanés ‎instauran un Tribunal Especial de la ‎ONU para el Líbano, tribunal que nunca será aprobado por el gobierno, ni por el ‎parlamento ‎libaneses. Pero de todas maneras se impondrá ese Tribunal Especial, que será presidido por ‎el ‎italiano Antonio Cassese, por demás remunerado por los Muyahidines del Pueblo, organización ‎terrorista ‎financiada por la CIA contra la República Islámica de Irán. Varios testigos afirman haber ‎participado en el ‎atentado contra Rafic Hariri por orden del presidente sirio Bachar al-Assad, pero ‎acaban huyendo cuando ‎son desenmascarados y se revela que habían sido sobornados por Saad ‎Hariri, el hijo del ex primer ministro libanés ‎asesinado, y por Rifaat al-Assad, el tío residente ‎en Francia del presidente sirio Assad ‎ [12]‎. ‎


Como quiera que sea, aunque toda la operación de la «revolución del cedro», de la Comisión ‎Investigadora ‎Internacional y del Tribunal Especial llegará a descubrirse con el paso del ‎tiempo ‎ [13]‎, durante los primeros años ‎Jeffrey Feltman logra ‎hacerle creer al Consejo de Seguridad de la ONU que los presidentes del Líbano y ‎Siria habían ‎ordenado asesinar al ex primer ministro libanés. ‎


En el plan inicial de la CIA estaba previsto:‎


1.Asesinar a Rafic Hariri y responsabilizar con su muerte a los presidentes del Líbano y ‎de Siria;‎

2.organizar, con los hombres de Gene Sharp, une «revolución de color», o sea la ‎‎«revolución del ‎cedro»;

3.provocar una reacción represiva contra esa “revolución” por parte de la fuerza de paz ‎siria ‎presente en Líbano;‎

4.justificar así un desembarco de los marines estadounidenses, que no sólo ‎‎“restablecerían el orden” ‎en Beirut sino que además atacarían Damasco. ‎


Pero, ante las manifestaciones antisirias en Líbano, el presidente Bachar al-Assad, que ya ‎había ‎comenzado a retirar sus tropas meses antes, decide súbitamente retirarlas totalmente, ‎tomando por sorpresa a ‎la CIA, que no había previsto esa posibilidad. ‎


Al ver que Siria se había retirado del Líbano, Jeffrey Feltman decide apoderarse del país. Trae ‎de ‎regreso al general Michel Aoun, quien ante su grave responsabilidad en la guerra civil libanesa ‎‎(de 1975 a ‎‎1990) se había exilado en Francia. Aliándose a todos los elementos financiados ‎por Arabia Saudita, Israel y ‎Estados Unidos, el general Aoun funda la coalición 14 de Marzo, ‎en contra de la resistencia libanesa. ‎Pero, ¡sorpresa!, luego de varios meses en Líbano el general ‎Aoun comprende que las cosas no son ‎como parecían, establece una alianza con la resistencia ‎y firma un Documento de Entendimiento Mutuo ‎con el Hezbollah, el 6 de febrero ‎de 2006 ‎ [14]‎. ‎


Tratando de unificar los proyectos militares contra los 7 Estados de la región que se les resisten ‎y los ‎planes subversivos de las «primaveras árabes», Washington y Londres organizan contactos ‎entre la ‎‎«revolución del cedro» libanesa, la oposición siria y la Hermandad Musulmana, mientras ‎planifican un ‎segundo intento de invasión. Bajo cualquier ‎pretexto, Israel iniciará esta vez una ‎agresión directa contra Líbano y aplastará al Hezbollah. Según el plan, Siria tendría que acudir ‎en ayuda de la resistencia ‎libanesa y los marines estadounidenses tendrían por fin el ansiado ‎pretexto para desembarcar. Después de ‎haber “liberado” Beirut y Damasco, Estados Unidos ‎pondría a la Hermandad Musulmana y a ‎otros aliados de Arabia Saudita en el poder en ambas ‎capitales. La operación se denomina «Jazmín Azul». ‎


Con esa perspectiva, Walid Joumblatt, vicepresidente de la Internacional Socialista y líder de la ‎facción de ‎drusos libaneses favorables a Washington, recibe en mayo una delegación de la ‎Hermandad Musulmana en ‎su palacio de Mokhtara. Por su parte, el Frente de Salvación sirio ‎se reúne en Londres, el 4 y el 5 de junio. ‎Sólo se cuentan 43 participantes en este “importante” ‎encuentro, al que no asisten Walid Joumblatt ni ‎Saad Hariri, a pesar de haberse anunciado la ‎presencia de ambos. En definitiva, este “Frente de Salvación” es sólo una fachada tras la cual ‎se esconde la Hermandad Musulmana, a la sombra del ex vicepresidente sirio ‎Abdel Halim ‎Khaddam.‎


Estados Unidos equipa a Israel para que invada el Líbano en los próximos meses. ‎


LA GUERRA CONTRA EL LÍBANO


Pero en Líbano, los amigos del presidente Emile Lahoud y de sus 4 generales encarcelados por ‎la ONU ‎tratan de aclarar ellos mismos el asesinato de Rafic Hariri. La Inteligencia Militar ‎libanesa logra arrestar a ‎un gendarme retirado, Mahmoud Rafeh, quien confiesa estar ‎a la cabeza de una red de espionaje y ‎asesinatos que trabaja para el Mossad israelí. ‎Se demuestra entonces que este sujeto había colaborado ‎con el ejército de Israel durante la ‎ocupación israelí del Líbano. Paso a paso se descubre la implicación del ‎grupo que dirigía ‎Mahmoud Rafeh en numerosos asesinatos e intentos de asesinato registrados durante ‎los ‎‎4 últimos años y atribuidos injustificadamente a Siria ‎ [15]‎. ‎


Líbano exige al Consejo de Seguridad de la ONU que condene la permanente injerencia de Israel. ‎En ‎efecto, el Estado hebreo viola varias veces al día el espacio aéreo y las aguas del Líbano en ‎constantes ‎misiones de espionaje contra el Hezbollah. Israel espía también la red de ‎comunicaciones telefónicas ‎inalámbricas y ha hecho asesinar a varios líderes políticos. ‎Estados Unidos, Francia y Reino Unido no ‎saben qué responder. ‎


La casualidad hace que, en aquel momento, una patrulla israelí que había penetrado en territorio ‎libanés ‎caiga en una emboscada del Hezbollah. Mueren 8 soldados israelíes y otros 2 son ‎capturados. Según el ‎derecho internacional, todo pueblo que ve su territorio nacional ‎parcialmente ocupado tiene el legítimo ‎derecho de combatir al ejército ocupante, incluso ‎en suelo del Estado agresor. Por lo tanto, la ONU no considera a los prisioneros israelíes como ‎‎“secuestrados” sino como “capturados” durante una acción ‎militar no gubernamental. ‎El Hezbollah quiere canjear esos prisioneros por sus propios combatientes ‎detenidos en Israel. ‎Pero, visto desde la perspectiva de Tel Aviv, no hay un minuto que perder. Hay que ‎iniciar ‎la guerra, ya ordenada por Washington, antes de que la Inteligencia Militar libanesa descubra ‎la ‎verdad sobre el asesinato de Rafic Hariri, o sea el anterior intento de desatar la agresión. ‎Liz Cheney y su padre, ‎el vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney, dan luz verde a ‎Tel Aviv. Israël invade nuevamente el ‎Líbano. ‎


La embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, Victoria Nuland-Kagan –vinculada al Proyecto por ‎un ‎Nuevo Siglo Americano–, hace sonar los tambores de guerra y moviliza a los miembros de la alianza ‎atlántica. Pero, al ‎cabo de 34 días de combates, Israel se ve obligado a retroceder. El Consejo ‎de Seguridad de la ONU salva ‎el mito de la invencibilidad de Tel Aviv imponiendo un alto ‎al fuego. A pesar de que en todas las cancillerías ‎‎–con excepción de Damasco– ya consideraban ‎como un hecho la victoria de Israel, los miembros de la ‎resistencia libanesa han logrado infligir ‎una dura derrota a un ejército ultramoderno que además goza ‎del constante respaldo ‎del Pentágono. Los excepcionales combatientes que han realizado la hazaña ‎actuaban bajo las ‎órdenes de Hassan Nasrallah y la supervisión del ministro sirio de Defensa ‎Hassan ‎Turekmani, quien estuvo personalmente –en secreto– presente en el campo de batalla. ‎


Contrariamente a lo que muchos creen, Irán no llegó a tener tiempo de implicarse en la defensa ‎del Líbano ‎frente la agresión israelí y lo que tenía previsto era ofrecer asilo político a ‎los dirigentes del Hezbollah. Pero, ‎después del alto al fuego, el presidente iraní Mahmud ‎Ahmadinejad emprenderá una considerable inversión ‎en ayuda a la resistencia libanesa y ‎multiplicará por 400 (cuatrocientos) el número de misiles en manos de ‎sus combatientes. ‎


Los autores del 11 de septiembre, hasta entonces victoriosos en Estados Unidos, en Afganistán y ‎ante ‎Saddam Hussein, acaban de sufrir una derrota en Líbano, mientras que los baasistas iraquíes ‎inician su ‎propia resistencia. La victoria del Hezbollah viene a poner en tela de juicio el poder ‎ilegítimo del «Gobierno ‎de Continuidad» estadounidense. ‎


Fuente: https://www.voltairenet.org/article215195.html


*Thierry Meyssan (Francia)… Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la Conferencia Axis for Peace… Sus análisis sobre política exterior se publican en la Prensa Árabe, Latinoamérica y Rusa… Voltaire: http://www.voltairenet.org/es – Colaborador de la Agencia de Información ArgosIs-Internacional: http://www.argosisinternacional.com...


“La sociedad no puede ser enemiga de sí misma... Si un medio de comunicación no está aportando y contribuyendo a la elevación educativa, cultural y espiritual de todos sus miembros merece ser cerrada, así de simple... Debido a que la propiedad de los medios de comunicación no es la libertad de expresión de la sociedad”... ‘ArgosIs-Internacional’ es una Agencia de Información en la Red, de carácter social (POR AHORA) con sede en la Ciudad de Miami, Florida, Estados Unidos; fundada en 1991… Web: http://www.argosisinternacional.com… Miembro de la ‘Federación Latinoamericana de Periodistas’ (FELAP)… Web: http://www.felap.info...


…Este Artículo, Declaración, Documento, Etc., seleccionado para su publicación, necesariamente no tiene que reflejar en su totalidad nuestra Línea Editorial… Nuestro propósito es establecer el vehículo de información que les permita a los demás formarse su propio criterio, especialmente en los acontecimientos políticos, económicos, etc., que inciden, directa y/o indirectamente, en cada uno de nosotros… "La educación y la instrucción no consisten en rellenar la mente de ideas ajenas, sino en estimularla para que produzca sus propias ideas"… Ahora les corresponde a ustedes hacer sus propias conclusiones… Participe y opine con razonamiento…


Pd.- Invitamos a revisar los Documento Legales de la Agencia de Información ArgosIs-Internacional: https://www.facebook.com/pg/ArgosIsInternacional/photos/?tab=album&album_id=1603289693250542


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