ME: Cuba: Lo esencial de lo que dijo el Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba Fid



MATERIAL DE ESTUDIO*

‘AGENCIA DE INFORMACION ARGOS IS-INTERNACIONAL EN LA RED’


ME: Cuba: Lo esencial de lo que dijo el Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba Fidel Castro Ruz, sobre la emigración ilegal promovida durante 40 años por Estados Unidos contra Cuba, en Matanzas, el 3 de agosto de 1999


MATERIAL DE ESTUDIO… ARGOSIS: ENERO 13 DE 2017…


Después de dedicar unos pocos minutos a los Juegos Panamericanos, en Cienfuegos hablé de dos temas fundamentales: la demanda al gobierno de Estados Unidos por daños humanos y la lucha contra el tráfico internacional de drogas. Hoy aquí en Matanzas debo abordar un tema de suma importancia: la emigración ilegal promovida durante 40 años por Estados Unidos contra Cuba.


Antes del triunfo revolucionario eran muy contadas las visas que la Embajada de Estados Unidos concedía a los ciudadanos cubanos para emigrar a ese país, lo que constituía una aspiración económica de cientos de millones de personas en todo el mundo, incluidos millones de europeos atraídos por los recursos materiales y el estándar de vida de la nación que emergió intacta de la Segunda Guerra Mundial como el país más rico y poderoso del mundo después de dos grandes contiendas en menos de 25 años, que en cada ocasión devastó el resto de la economía mundial.


Los trámites legales para que un cubano emigrara a Estados Unidos entre 1945 y 1959 eran prolongados y absolutamente rigurosos. Al que ingresaba ilegalmente, violando las leyes de Estados Unidos, lo esperaba irremisiblemente la expulsión o la prisión. Nadie se atrevía.


En medio de la guerra fría y el macarthismo, quien tuviera la menor sospecha de comunista u hombre progresista, para lo cual bastaba apoyar alguna vez las luchas por las reivindicaciones salariales, o la idea de la reforma agraria, no obtenía jamás visa.


Todo cambió con el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959. Los primeros en iniciar las salidas ilegales del país fueron los asesinos, esbirros, torturadores, malversadores y ladrones de la derrocada tiranía de Batista, que allí encontraron lujoso refugio. Desde entonces, el ingreso sin obstáculo alguno a Estados Unidos de toda persona que saliera ilegalmente de Cuba con cualquier pretexto se convirtió en norma. Tan pronto se hizo claro que en Cuba había tenido lugar una verdadera revolución y las primeras leyes revolucionarias fueron proclamadas, se inició el éxodo masivo de los sectores de la alta burguesía. Las mansiones del Vedado, Miramar, Tarará y otros barrios lujosos de la capital abandonadas por ellos, fueron ocupadas por el Estado revolucionario. Decenas de miles de jóvenes campesinas procedentes de las áreas rurales del país y, después de la campaña de alfabetización en 1961, cientos de miles de estudiantes becados de humilde procedencia pasaron a lo largo de los primeros diez años de la Revolución por esas residencias convertidas en albergues, gracias a lo cual la educación se masificó también para los hijos de todas las familias del país, hasta que la Revolución pudo construir miles de instalaciones escolares nuevas para estudiantes internos y seminternos, escuelas especiales y círculos infantiles.


Es preciso aclarar que jamás una sola familia de aquella alta burguesía, mientras residía en el país, fue despojada de su residencia, ni siquiera del dinero depositado en los bancos, que en ocasiones alcanzaba sumas millonarias.


La Revolución nunca impidió las salidas legales del país hacia Estados Unidos o cualquier otro lugar del mundo. Los gobiernos de Estados Unidos, por su parte, siempre estimularon las salidas ilegales. La visa dejó de ser un trámite necesario para ser recibido en Estados Unidos, sin excepción alguna, sin importar siquiera los antecedentes penales, o cualquier hecho delictivo que hubiese cometido; jamás uno solo fue devuelto al país. Bastaba la afirmación de que estaban contra la Revolución o contra el socialismo, el comunismo, o que eran perseguidos políticos. La categoría de emigrante también desapareció del vocabulario para los ciudadanos de nuestra patria. Todo cubano residente en cualquier país del mundo desde entonces fue calificado de exiliado. Extraño ejemplo de exiliados y perseguidos políticos que apenas sin excepción viajan a Cuba cuantas veces lo desean. De tal modo se utilizó e incluso se abusó de las facilidades para salir legalmente de Cuba en los primeros años de la Revolución, que incluso más de 14 mil niños cubanos fueron virtualmente secuestrados por Estados Unidos cuando grupos contrarrevolucionarios, organizados desde los primeros instantes por los órganos de inteligencia de ese país, divulgaron, mediante la edición y distribución clandestina de falsos proyectos de ley, la falsa, infame y criminal noticia de que la patria potestad sería suprimida, sembrando el pánico en numerosas familias de capas medias que, atemorizadas, enviaron a sus hijos de forma oculta y sin visa alguna en las mismas líneas aéreas legales y normales que volaban directamente a Estados Unidos, donde los niños separados de sus padres eran esperados para ser ingresados en orfanatos, e incluso centros de reclusión de menores. Es imprescindible recordar estos hechos.


Un maligno día, a fines de 1962, el gobierno de Estados Unidos suprimió abruptamente los vuelos normales y las salidas legales del país. Cientos de miles de personas perdieron todo vínculo con familiares residentes en Estados Unidos, entre ellas padres que habían enviado sus hijos a Estados Unidos por los temores señalados. Sólo quedaron las salidas ilegales, estimuladas a la vez por todos los medios como parte de la sucia propaganda contra la Revolución y el socialismo. Esta política dio lugar a sucesivas crisis migratorias.


En febrero de 1963, la administración Kennedy dio un poderoso estímulo adicional en favor de esas salidas: anunció que los cubanos que llegaran a Estados Unidos directamente desde la Isla serían recibidos como refugiados, mientras que los que buscaran entrar desde terceros países serían considerados extranjeros y quedarían sujetos a todas las restricciones migratorias norteamericanas.


La primera respuesta de la Revolución a esa política arbitraria y dañina fue habilitar, el 28 de septiembre de 1965, el puerto de Camarioca, en Matanzas, para que cualquier familia cubana residente en Estados Unidos, utilizando medios de transporte marítimos propios o contratados, pudiese recoger familiares que podrían emigrar mediante permiso previo de las autoridades cubanas. Alrededor de mil embarcaciones procedentes de Estados Unidos, desacatando las órdenes de las autoridades norteamericanas, se reunieron en ese pequeño puerto.


A pesar de que no existían siquiera relaciones diplomáticas ni oficinas de intereses, se realizaron negociaciones entre ambos países y se logró el 6 de diciembre de ese año un memorando de acuerdo que estableció un puente aéreo desde Varadero hacia Estados Unidos, que se mantuvo funcionando desde enero de 1966 hasta abril de 1973. Todos los que manifestaron su deseo de emigrar, con excepción de algunas personas calificadas consideradas indispensables, mientras se preparaban sus sustitutos, y los ciudadanos que prestaban servicios en las Fuerzas Armadas y en las instituciones de orden interior, o lo hubiesen prestado en fecha reciente, fueron autorizados a hacerlo. De forma ordenada y segura, alrededor de 260 mil personas en total pudieron satisfacer sus deseos de emigrar hacia Estados Unidos y decenas de miles de familias pudieron reunificarse.


A pesar de esto, Estados Unidos mantuvo un fuerte estímulo a las salidas ilegales, que continuaron produciéndose, ya que los que viajaban por el puente aéreo requerían visa y no todos la recibían. Las autoridades norteamericanas seleccionaban y procuraban extraer del país, cuanto fuese posible, médicos, enfermeras, profesores, maestros y otros profesionales universitarios o técnicos de nivel medio, los cuales percibirían allí los salarios correspondientes a esas calificaciones, en el país más desarrollado y rico del mundo, incomparablemente mayores que los de una neocolonia recién independizada y a la vez subdesarrollada, pobre y rigurosamente bloqueada por el poderoso país con el cual mantenía desde principios de siglo los más importantes vínculos económicos, financieros y comerciales. Pero el país resistió a pie firme aquel saqueo de personal calificado, y mediante un colosal esfuerzo educativo se dio a la tarea de formar y multiplicar muchas veces el que le fuera arrebatado.


En adición a la disposición de Kennedy de 1963 que tanto estimuló las salidas ilegales, el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos reunidos en Congreso aprobaron la llamada Ley de Ajuste Cubano, firmada por el presidente Johnson el 2 de noviembre de 1966, que estableció status especiales y exclusivos para "cualquier extranjero nativo" (de Cuba) "o ciudadano cubano o que haya sido inspeccionado y admitido o puesto bajo palabra en Estados Unidos después del primero de enero de 1959, y que haya estado presente físicamente en Estados Unidos al menos durante dos años, puede ser ajustado por el Fiscal General, a su discreción y conforme a las regulaciones que pueda prescribir a la de extranjero admitido legalmente para residir permanentemente..."


En su afán de desestabilizar y destruir la Revolución cubana, de cierta forma esta ley, muy general y confusa, con algunas actualizaciones posteriores, fue lo que sirvió de base al derecho automático a la residencia permanente, después de un año de ingresar en territorio de Estados Unidos, a cuanto ciudadano saliera ilegalmente de Cuba tan pronto pisara tierra norteamericana, algo que no se concedió jamás a ningún otro país del mundo. De haberlo hecho así con el resto de América Latina y el Caribe, hoy habría muchos más ciudadanos latinoamericanos y caribeños en Estados Unidos que los nacidos en ese país. No pensemos lo que habría ocurrido si se hubiese aplicado al resto del mundo.


En tales circunstancias, después de concluir el puente aéreo, era inevitable que más tarde o más temprano se produjera una nueva crisis migratoria. Esta tuvo lugar en 1980, al crearse una situación similar a la de Camarioca, esta vez en el puerto de Mariel.


Es precisamente durante el gobierno del presidente Ronald Reagan cuando se produce el segundo acuerdo migratorio, el 14 de diciembre de 1984, mediante negociaciones entre representantes de los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos que, según el texto del comunicado emitido, concluyeron con la adopción de "acuerdos para la normalización de los procedimientos migratorios entre ambos países y poner fin a la situación anormal que ha existido a partir de 1980. Sus puntos esenciales:


"Los Estados Unidos reanudarán la expedición de visas preferenciales de inmigrante a ciudadanos cubanos residentes en Cuba hasta el número de 20 mil cada año, en especial a familiares inmediatos de ciudadanos norteamericanos y de cubanos residentes permanentes en Estados Unidos.


"La parte norteamericana expresó su disposición de poner en práctica —con la cooperación de las autoridades cubanas— todas la medidas necesarias para asegurar que los ciudadanos cubanos residentes en Cuba que deseen emigrar a Estados Unidos y califiquen conforme a las leyes norteamericanas para recibir visa de inmigrante, puedan ingresar a los Estados Unidos haciendo el máximo aprovechamiento del número de hasta 20 mil inmigrantes anuales."


Préstese atención al próximo párrafo del comunicado.


"Estados Unidos por su parte continuará otorgando visas de inmigrantes a residentes en Cuba que sean padres, cónyuges e hijos solteros menores de 21 años de ciudadanos norteamericanos sin que las mismas estén comprendidas en el número anual de inmigrantes señalado anteriormente."


Es decir, se especificaba que el número de 20 mil podía ser ampliamente rebasado con la categoría de familiares de los que eran ya ciudadanos norteamericanos.


"Cuba aceptará la devolución de aquellos ciudadanos cubanos que llegaron a Estados Unidos en 1980 procedentes del puerto de Mariel y que han sido declarados inelegibles para entrar legalmente a los Estados Unidos. El número de estas personas es de 2.746 y sus nombres figuran en una lista aprobada.


"[...] Las devoluciones se harán a razón de 100 personas en cada mes calendario".


El acuerdo incluía además 3 mil visas anuales para "aquellas personas que, habiendo sido puestas en libertad luego de cumplir sanción por actividades que la legislación penal de Cuba califica como 'Delitos contra la Seguridad del Estado', desean residir permanentemente en los Estados Unidos".


Esta demanda fue planteada por Cuba al considerar que dichas personas habían actuado siguiendo instrucciones de Estados Unidos, por lo cual estaban en la obligación moral de concederles visas, ya que por sus actividades contrarrevolucionarias y al servicio de una potencia extranjera, encontraban gran rechazo en nuestro país y era difícil su reinserción social.


La cifra total de emigrantes cubanos parecía suficiente. Aunque no se estableció límite de tiempo, en diez años habrían podido emigrar de forma legal y segura más de 300 mil personas, incluidas las tres categorías.


¿Qué ocurrió con este acuerdo sin duda positivo e incuestionablemente razonable y justo para enfrentar el problema?


Con relación a la cuota de hasta 20 mil, en el primer año de vigencia, 1985, sólo concedieron 1.227 visas para emigrar legalmente. Durante los años 1986 y 1987 no hubo salida alguna. El acuerdo había quedado suspendido como consecuencia de la reacción que produjo en Cuba una medida innecesaria y sumamente hostil por parte de la administración Reagan: la creación de una emisora oficial subversiva a la que de forma deliberadamente hiriente y ultrajante pusieron el nombre de José Martí, apóstol de nuestra independencia y el más profundo pensador político de nuestra América que, profeta y visionario, fue el primero en denunciar la política expansionista de Estados Unidos en este hemisferio, a costa de los pueblos latinos. Después de la suspensión, de nuevo se produjeron intercambios y negociaciones entre representantes de ambos países. No quisimos que la provocación diera lugar a la suspensión definitiva de un acuerdo que, de cumplirse rigurosamente, podía resolver el problema migratorio. Se puso en vigor nuevamente el último año de la administración Reagan.


En 1988, la cuota de 20 mil visas correspondientes a ese año también se incumplió: se concedieron solamente 3.472, o sea, 5,8 veces menos que lo acordado;

en 1989, 1.631; 12,3 veces menos;

en 1990 disminuyó a 1.098; 18,2 veces menos;

en 1991, se eleva ligeramente a 1.376; 14,6 veces menos;

en 1992, baja ya de mil, al concederse solo 910 visas; 22 veces menos que lo acordado;

en 1993, fue también por debajo de mil: 964; equis veces menos

Y en 1994, hasta fines de julio de este año, la cifra de visas concedidas sumó 544 en 7 meses, al ridículo ritmo de 77 por mes.


A eso se había reducido el compromiso de conceder un promedio de 1.667 visas mensuales.


Ninguna de las tres últimas administraciones norteamericanas que se sucedieron entre 1984 y 1994 había cumplido. Obsérvese que la administración Clinton, que estaba también legalmente obligada por el acuerdo suscrito por Estados Unidos el 14 de diciembre de 1984, nunca rebasó de mil el número de visas concedidas:

964 en 1993;

544 en 1994.


La única de las tres categorías acordadas que se cumplió en un nivel más alto, al ponerse de nuevo en vigor el acuerdo, fue la de los contrarrevolucionarios que habían sido sancionados a penas de prisión y sus familiares. Esta se cumplió al 71,71 por ciento durante los ocho años en que se aplicó el acuerdo, mientras la cuota de 20 mil por año para ciudadanos que deseasen emigrar a Estados Unidos se cumplió al 7,01 por ciento. Y en cuanto al compromiso de conceder por encima de 20 mil una cantidad adicional de "visas de inmigrantes a residentes en Cuba que sean padres, cónyuges e hijos solteros menores de 21 años de ciudadanos norteamericanos, sin que las mismas estén comprendidas en el número anual de inmigrantes señalado anteriormente", como se puede deducir de las cifras mencionadas, se cumplió al cero por ciento.


Del número total de visas que debieron ser concedidas por la cuota de hasta 20 mil por año, que debió sumar 160 mil, desde que se firmó el acuerdo —es decir, durante los 8 años, descontando los dos en que estuvo suspendido— sólo fueron concedidas 11.222, es decir, 14,3 veces menos que lo estipulado.


De acuerdo con nuestros cálculos, aunque no conocemos las cifras exactas de personas de origen cubano que se hicieron y continuaban haciéndose ciudadanos norteamericanos en más de 25 años de emigraciones legales e ilegales a ese país, alrededor de 200 mil personas dejaron de recibir visas, y si se toman en cuenta los dos años de la suspensión ocasionada por la provocación de la emisora subversiva, podría afirmarse que desde que se firmaron los acuerdos el número de los que dejaron de recibir visas rebasaría la cifra de 240 mil.


Estados Unidos incumplió los acuerdos de forma espectacular, se burló inescrupulosamente de los compromisos contraídos, y nuestro país fue humillantemente engañado. Cuba por su parte, cumplió al pie de la letra sus obligaciones en el acuerdo, facilitó las salidas y jamás dejó de recibir una sola de las personas comprendidas en la lista de excluibles, que fueron enviadas de regreso a Cuba. Por otro lado, a pesar de la solemne promesa de la administración norteamericana, contenida en el acuerdo, al expresar su disposición de poner en práctica "con la cooperación de las autoridades cubanas todas las medidas necesarias para asegurar que los ciudadanos cubanos residentes en Cuba que deseen emigrar a Estados Unidos y califiquen conforme a las leyes norteamericanas para recibir visas de inmigrante puedan ingresar a Estados Unidos haciendo el máximo aprovechamiento del número de hasta 20 mil inmigrantes anuales", la Ley de Ajuste Cubano, estímulo fundamental de las salidas ilegales, se mantuvo plenamente vigente.


Reagan, que contaba con autoridad suficiente y amplio apoyo del Congreso, y pudo derogar esa ley después de suscribir aquel compromiso de adoptar todas las medidas necesarias para que el ingreso a Estados Unidos se realizara por vías legales, no lo hizo. La administración de Bush tampoco lo hizo. Y la administración de Clinton, que contó hasta enero de 1995 con amplia mayoría en el Congreso, ni siquiera se interesó por el asunto.


El hecho real es que a medida que se incumplía lo acordado y se reducían cada año las visas concedidas para viajar legalmente a Estados Unidos, el número de personas que intentaban emigrar ilegalmente a ese país se incrementaba por año:


2.060 en 1990;

8.593 en 1991;

9.584 en 1992;

15.772 en 1993;

y 15.067 solo en el primer semestre de 1994, para un total de 51.076 en cuatro años y medio.

De ellas arribaron a Estados Unidos:

467 en 1990;

1.997 en 1991;

2.511 en 1992;

4.208 en 1993;

y 4.092 en el primer semestre de 1994, para un total de 13.275.


En ese período, a pesar de la falta total de cooperación por parte del gobierno de Estados Unidos, las autoridades cubanas lograron impedir la salida de 3 emigrantes ilegales por cada 4 que trataban de hacerlo, lo que demuestra la seriedad con que asumimos nuestra cooperación para normalizar el flujo migratorio. A pesar de ese esfuerzo unilateral de Cuba, en el primer semestre de 1994, arribaron ilegalmente a Estados Unidos 7,5 veces más emigrantes cubanos que las 544 visas concedidas de la cuota de hasta 20 mil por año que debía conceder Estados Unidos en virtud del acuerdo concertado, para viajar legalmente.


La administración Clinton, lejos de desestimular las salidas ilegales para cumplir los compromisos de ese acuerdo, poco después de asumir el Gobierno endureció el bloqueo económico contra el país, en instantes en que el derrumbe del campo socialista y la desintegración de la URSS trajo para Cuba la pérdida de sus mercados principales y las fuentes fundamentales de suministro de combustible, materias primas, equipos y parte importante de los suministros de granos y otros alimentos esenciales.


Meses antes de tomar posesión del cargo, ya había apoyado la ley de Torricelli, congresista demócrata, aprobada por el Congreso de Estados Unidos en 1992 y firmada por el Presidente Bush el 23 de octubre de ese año. Tiempo después, ya como Presidente, Clinton firmaría en presencia de los más connotados líderes de la Fundación Nacional Cubano-Americana y los más cercanos aliados de esta en el Congreso, la brutal Ley Helms-Burton, el 12 de marzo de 1996.


El enorme potencial acumulado de más de 240 mil personas que durante 10 años esperaron las visas prometidas en los acuerdos firmados el 14 de diciembre de 1984, unido a la Ley de Ajuste Cubano y a un bloqueo endurecido, a lo que se sumaban más de mil horas semanales de incesante propaganda subversiva y de guerra política y psicológica procedente de Estados Unidos, estimulando la indisciplina social, el delito y las salidas ilegales del país, inevitablemente tenían que ocasionar, y finalmente ocasionaron, una grave crisis migratoria.


La impunidad total y los estímulos con los que se recibía en Estados Unidos a todas las personas que salían ilegalmente de Cuba, estaban dando lugar a hechos de violencia, empleo de armas, e incluso de asesinatos de humildes tripulantes o custodios para secuestrar embarcaciones con las que emigrar ilegalmente a Estados Unidos. Desde el primer momento las autoridades cubanas recibieron instrucciones de no tratar de interceptar tales embarcaciones robadas o secuestradas que partieran de los muelles o de las costas con personas a bordo. Era una instrucción necesaria para evitar accidentes, de los cuales se responsabilizaría siempre a nuestro país.


Con anterioridad se habían dado instrucciones precisas de no hacer uso de las armas en ninguna circunstancia para impedir tales salidas. Nuestro país no tenía la obligación de cuidar las costas de Estados Unidos. Cesó finalmente por parte de Cuba, que siempre autorizó la emigración legal, el papel de asumir ella sola todo el esfuerzo y la responsabilidad de luchar contra las salidas ilegales, mientras desde el país hacia donde se dirigían se estimulaban cada vez con más fuerza tales salidas. Nuestras autoridades se limitaron a persuadir a los que intentaban hacerlo con medios inadecuados; observar de cerca con lanchas patrulleras a los que de una forma u otra lo intentaban y auxiliarlos en caso necesario mientras se aproximaban a los numerosos guardacostas norteamericanos que los esperaban en las proximidades del límite de las doce millas de nuestras aguas jurisdiccionales. En tales circunstancias, no había otra alternativa. Así se desató la tercera crisis migratoria.


De nuevo se establecieron comunicaciones entre los gobiernos de ambos países por diversas vías. Cuba en ninguna ocasión se negó a la búsqueda de una verdadera solución. A través de intensas negociaciones entre delegaciones de Estados Unidos y Cuba que tuvieron lugar en Nueva York y la cooperación de amigos comunes de Estados Unidos y de Cuba, se arribó a determinadas fórmulas que aunque no se vincularan al cese de la guerra económica contra nuestro país —un factor fundamental que compulsa la emigración ilegal— incluían de nuevo, esta vez al parecer seriamente, medidas como la concesión de no menos de 20 mil visas cada año para emigrar de forma legal y segura hacia Estados Unidos, y en esta ocasión el compromiso de la intercepción en el mar por el servicio de guardacostas de Estados Unidos, más allá de las aguas jurisdiccionales de Cuba, de los que intentasen hacerlo de forma ilegal hacia ese país y su devolución a Cuba, con el compromiso nuestro de que serían reubicados en su lugar de residencia con garantía de que no se aplicaría sanción alguna por salida ilegal del país. Así se ha hecho sin excepción alguna con todas las personas devueltas.


Por nuestra parte nos comprometimos a paralizar la emigración masiva sin empleo de la fuerza y utilizando únicamente métodos persuasivos. El empleo de este procedimiento fue una proposición de Cuba.


Una vez más, con exactitud matemática, cumplimos este compromiso, y lo hicimos en breves días, sin utilizar en ningún caso la fuerza, con la cooperación del pueblo y el uso correcto de los medios masivos de divulgación para explicar el contenido y la justeza del acuerdo. Dimos un plazo a los dueños de los medios ubicados en la costa con el propósito de emigrar para retirarlos. Los propios dueños de los mismos cooperaron. Se interceptaron en tierra los medios que pudiesen servir para emigrar ilegalmente. Fue fácil lograrlo. La combinación de las medidas adoptadas en ese momento por ambas partes paralizaron de forma casi total las salidas ilegales del país.


Si dejamos a un lado el hecho de que las autoridades norteamericanas siempre seleccionan un por ciento de los emigrantes ilegales por razones no explicadas ni claramente justificables, que sospechamos sean de orden político para complacencia de los enemigos más acérrimos de los acuerdos, puede afirmarse que los acuerdos migratorios suscritos se han cumplido en lo esencial por ambas partes, de forma rigurosa y seria:


• alrededor del 80 por ciento de los emigrantes ilegales interceptados en el mar han sido devueltos al país.

• No menos de veinte mil visas son concedidas cada año a ciudadanos cubanos desde el momento que entraron en vigor los acuerdos.


Según datos suministrados por la Dirección de Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior, entre el 1º de octubre de 1994 y el 30 de septiembre de 1995, se presentaron en sus unidades con visas otorgadas por la Oficina de Intereses de Estados Unidos 26.634 ciudadanos.


Entre iguales fechas del 95 y el 96, 15.547;

entre el 96 y el 97, 13.201;

entre el 97 y el 98, 17.263;

entre octubre del 98 y el 2 de julio del 99, faltando dos meses aún para concluir el período indicado anteriormente, se han otorgado 21.429 visas.


Como se puede apreciar, en el primer año de la ejecución del acuerdo, además de las 20 mil visas acordadas, otorgaron adicionalmente 6.589 a personas del voluminoso grupo que las habían solicitado en virtud del anterior acuerdo migratorio que jamás se cumplió. Si en los años 95-96, 96-97 y 97-98 se otorgaron un promedio de solo 15.000 visas, fue porque a solicitud de la parte norteamericana se accedió, como un acto de buena voluntad, a computar durante tres años las visas a 15 mil emigrantes ilegales, alojados en la Base Naval de Guantánamo, para los cuales no habían encontrado otra solución. A pesar de eso, se concedieron 94.074 visas y por ello casi 100 mil personas han podido emigrar legalmente a Estados Unidos por vías seguras sin que se haya perdido una sola vida.


Se mantiene un análisis y control sistemático del cumplimiento de los acuerdos.


Pero una vez más, a lo largo de la historia de la Revolución durante más de 40 años, se demuestra que el obstáculo fundamental para la lucha contra la emigración ilegal radica en la absoluta tolerancia y la concesión de excepcionales privilegios a los ciudadanos cubanos que arriban ilegalmente a Estados Unidos. Los que hacen precisamente eso, son aquellos a quienes las autoridades norteamericanas no consideran calificados para recibir visas. Aun admitiendo que un por ciento de ellos no fuesen suficientemente pacientes para esperar, y que otros simplemente se dejan arrastrar por el espíritu aventurero y sueñan con las delicias de las sociedades de consumo que ven en películas, seriales y en los anuncios comerciales de revistas y periódicos, muchos de los que emigran ilegalmente son personas indisciplinadas y que rehúyen el trabajo, o elementos marginales, de conducta antisocial, predelincuentes o delincuentes con antecedentes penales, a los cuales la Oficina de Intereses jamás concedería visa.


Cada vez que un ilegal llega a Estados Unidos genera, a su vez, el deseo o la necesidad de reunir allí a familiares y amigos, multiplicando y potenciando las salidas ilegales.


La famosa Ley de Ajuste Cubano engendra ese fenómeno, que en nada beneficia a la sociedad norteamericana, y jamás Estados Unidos podrá restablecer la disciplina en sus propias costas mientras esa Ley exista. Sobre las altas autoridades pasadas y presentes de ese país cae enteramente la responsabilidad de los que a lo largo de tres décadas han perecido o corren todavía el peligro de perecer en esas aventuras, fruto de una política inmoral, anacrónica y carente absolutamente de ética y sentido humano.


Valiéndose de esas circunstancias, los enemigos más intransigentes de los últimos acuerdos migratorios, muchos de ellos incrustados en importantes instituciones políticas de Estados Unidos y estrechamente asociados a la mafia de la llamada Fundación Nacional Cubano-Americana, no cesan de conspirar para destruirlos.


Los estímulos y las exhortaciones a las salidas ilegales se incrementan.


Entre enero y julio del presente año la emisora subversiva Radio Martí ha difundido informaciones de forma abierta o velada incitando a las salidas ilegales del país, de las cuales sólo seleccionamos algunos ejemplos.


El 20 de enero de 1999 trasmitió:


"La creciente marea de emigrantes cubanos que llegan a la Florida presuntamente como parte de un tráfico ilegal, lleva a funcionarios estadounidenses a pensar que quizás el gobierno de la Isla ha relajado los controles de sus fronteras".


El 9 de marzo: "Continúan llegando cubanos a las costas de la Florida en grupos que reconocen haber pagado por el contrabando ilegal".


El 1º de abril de 1999 trasmite: "El éxodo cada día crece más. Se persigue escapar de los problemas económicos que se enfrentan en el país, los cuales se agudizan más. La necesidad de lograr lo que se desee en el campo material es una forma que lleva a los ciudadanos a salir de alguna forma al exterior..."


El 21 de abril de 1999 dice: "En lo que va de año unos 600 cubanos han sido detenidos por las autoridades estadounidenses. Según las leyes norteamericanas, los cubanos que llegan a tocar tierra tienen posibilidades de permanecer en Estados Unidos y legalizar su situación migratoria. Aquellos que son interceptados en alta mar en la mayoría de los casos son repatriados."


Nadie sabe cómo ni por qué, pero el hecho real es que a finales de abril el Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos adopta una nefasta, innecesaria e inoportuna decisión, ampliamente divulgada por Radio Martí y otras emisoras.


Esta decisión y la amplia divulgación que recibió, constituye un verdadero sabotaje a los acuerdos migratorios.


Las demás estaciones subversivas de Miami también le dieron gran realce a la noticia. Nos limitaremos sólo a señalar lo que trasmitió la radio subversiva oficial de Estados Unidos el 29 de abril: "Los 34 indocumentados que según la patrulla fronteriza de Estados Unidos llegaron a la Florida en las últimas 24 horas figuran entre los que se beneficiarán de un nuevo aflojamiento de la Ley de Ajuste Cubano, que ahora concede derecho inmediato a trabajar. El Servicio de Inmigración informó en Washington que no ha cambiado su política migratoria hacia los cubanos que llegan ilegalmente a Estados Unidos, sino que aclaró una ley para permitirles que logren residencia permanente y permisos de trabajo. Los cubanos, junto con sus esposas e hijos que han llegado de lugares no designados como puertos de entrada a Estados Unidos, son elegibles mediante parole, es decir, libertad bajo palabra, y luego pueden regularizar su situación en Estados Unidos. El vocero del Servicio de Inmigración declaró que: 'es una clarificación que se puso en marcha inmediatamente y ayudó mucho a los cubanos que llegan a las playas, aeropuertos o puertos de mar'. Las nuevas instrucciones del Servicio de Inmigración indican también que un cubano que se encuentre en Estados Unidos, sin haber sido admitido legalmente, debe presentarse a un oficial del Servicio de Inmigración para recibir el parole y un año después obtendrá también la residencia permanente".


Tales noticias fueron trasmitidas reiteradamente por esta y otras emisoras similares.


Coincidiendo extrañamente con estas informaciones, comenzaron a divulgarse rumores desde Estados Unidos afirmando que el gobierno cubano, de un momento a otro, autorizaría las salidas ilegales del país.


Ya desde enero, como dije anteriormente, la emisora oficial subversiva dijo que "...el gobierno de la Isla ha relajado los controles de sus fronteras".


El 25 de mayo divulgaba: "Diversas reacciones provocó un informe de prensa que plantea podría repetirse un éxodo masivo de cubanos ilegales hacia la Florida. El flujo de balseros ha aumentado en los últimos años, según cifras del servicio de guardacostas de Estados Unidos. En 1997 fueron interceptados 406 balseros; en 1998, fueron 1.047, y este año hasta el mes de mayo la cifra es de 488."


Dos días más tarde, el 27 de mayo, comunica: "En la prensa de Puerto Rico aparecen una serie de noticias donde se observa inquietud por la apertura de la frontera marítima dada por el gobierno cubano, lo que provocará una avalancha de emigrantes hacia Estados Unidos. Se conoce por conversaciones que se pueden escuchar en La Habana y otras provincias."


Véase cómo en el mismo parte informativo en que se habla de inquietud en Puerto Rico, dicha emisora subversiva oficial afirma categóricamente, como si fuera un hecho real e incuestionable, que ello se debe a "la apertura de la frontera marítima dada por el gobierno cubano, lo que provocará una avalancha de emigrantes".


El 1º de junio trasmite: "Se cree que los contrabandistas de inmigrantes ilegales cobran por ese servicio entre dos mil y ocho mil dólares por persona. Las estadísticas indican que en los últimos ocho meses llegaron así a territorio norteamericano 1.177 personas comparadas con 615 en todo el año fiscal 1997-98".


No tardaron en observarse los efectos sumamente negativos de la combinación del repugnante tráfico de emigrantes desatado desde la Florida, la estúpida decisión del Servicio de Inmigración y Naturalización, las groseras campañas de la radio oficial y todas las demás emisoras subversivas, para impulsar las salidas ilegales, los rumores e incluso noticias absolutamente infundadas sobre la apertura de la frontera marítima dada por el gobierno cubano. La propia radio oficial confesó paladinamente que "la inmensa mayoría de los que llegan ilegalmente a las costas de la Florida son transportados por traficantes de emigrantes que parten de Estados Unidos".


¿Casualidad? ¿Extrañas coincidencias de factores no vinculados entre sí, o verdadero complot de la mafia terrorista de la Fundación Nacional Cubano-Americana y los sectores de extrema derecha del Congreso de Estados Unidos con la complicidad de jefes del Servicio de Inmigración y Naturalización, y los que en realidad dirigen y trazan pautas a la radio oficial subversiva?


Demostración incuestionable de la descarada conspiración contra los acuerdos migratorios del 94 y el 95 la aportan los acontecimientos ocurridos en la Florida los últimos días de junio y principios de julio.


Una verdadera trampa fue tendida al servicio de guardacostas de Estados Unidos, institución a la que el gobierno de ese país asignó la tarea de interceptar en el mar los intentos de ingresar ilegalmente en Estados Unidos. Su tarea era fácil cuando se limitaban a prestar auxilio a los que viajaban en balsas, botes, o lentas y endebles embarcaciones durante la crisis que precedió a los acuerdos. Ahora tenían que lidiar con veloces lanchas tripuladas por mercenarios que regresaban a la Florida después de recoger en apartados lugares de las costas de Cuba su carga humana. En la Florida los esperaba además la hostilidad de la mafia cubanoamericana decidida a liquidar los acuerdos migratorios.


A fines de junio esta le propinó un golpe contundente al servicio de guardacostas de Estados Unidos. Conocedores de que un bote se acercaría a una hora y punto exactos a una playa de Miami Beach, los esperaron con gran concentración de medios masivos de divulgación. Los tripulantes del bote se lanzaron al agua a 500 metros aproximadamente de la orilla. El personal de guardacostas trató de impedir su llegada a la misma. Allí recibirían legalización y residencia automáticas en virtud de una burda y anacrónica ley de más de 33 años de vida, que nadie en el mundo comprende ni se explica.


El espectáculo funcionó a la perfección. Los cables trasmitieron decenas de despachos y el incidente fue trasmitido al mundo a través de los medios masivos.


Un cable de la agencia EFE del 29 de junio comunicaba lo siguiente: "Seis balseros cubanos protagonizaron hoy con las cadenas de televisión trasmitiendo en directo, una dramática odisea para llegar nadando a las playas de Miami Beach, a pesar de los intentos de la guardia costera de impedirlo. Un emigrante cubano logró nadar hasta una playa de Miami Beach, tras evadir las lanchas del servicio de la guardia costera norteamericana que intentaban interceptarlo para evitar que llegara a tierra firme.


"Al llegar a la playa entre la avenida Collins y la calle 85, levantó los brazos en alto mientras era aplaudido por las personas que lo esperaban. La policía lo detuvo inmediatamente.


"Otros 4 balseros que viajaban en el mismo grupo a bordo de una pequeña embarcación de madera sin motor, fueron detenidos por las autoridades estadounidenses tras una dramática persecución que fue trasmitida en directo por las cadenas de televisión hispanas de Miami, Telemundo y Univisión, que interrumpieron su programación habitual para dar cuenta del suceso.


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"El grupo de 6 cubanos presuntamente salió de Caibarién en la costa noreste de Cuba y está integrado por jóvenes vestidos sólo con pantalones cortos, que se lanzaron de la embarcación cuando fueron rodeados por barcos y helicópteros de la guardia costera.


"Los guardacostas comenzaron a lanzarles chorros de agua desde las lanchas para evitar que pudieran continuar nadando y las imágenes de televisión mostraron incluso cómo algunos oficiales intentaron detener por la fuerza a los cubanos que se encontraban en el agua."


Bajo el título de "Los exiliados reaccionan indignados", el Nuevo Herald publicó el 30 de junio de 1999, lo siguiente: "La indignación, la ira y el disgusto del exilio cubano resonaron el martes por el sur de la Florida, después que embarcaciones del servicio de guardacostas interceptaron a un grupo de refugiados cubanos que intentaba llegar a la costa".


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"Las imágenes televisivas de los 6 cubanos que nadaban hacia la orilla, mientras miembros de la Agencia Federal los acosaban, fue lo que motivó poco después de las 3 p.m. que cientos de exiliados protagonizaran una espontánea manifestación de protesta en la playa adonde llegaron 2 de los refugiados y frente a la estación de guardacostas en Miami Beach.


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"Las estaciones de radio se abarrotaron de llamadas, mientras que los cientos de manifestantes que se dirigían a la estación de guardacostas cerraron el paso a los vehículos en ambos sentidos, que intentaban transitar por el viaducto MacArthur...


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"La policía de Miami Beach informó que los manifestantes le cerraban el paso a una mujer que intentaba llevar a su hijo enfermo al hospital.


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"Frente a la estación de guardacostas se intensificó la protesta. El número de manifestantes enfurecidos crecía constantemente con banderas y pancartas. Al cierre de esta edición aún permanecían allí.


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"Hasta el Congreso de Estados Unidos se sintió la onda de protestas...


"La congresista republicana por la Florida, Ileana Ros-Lehtinen, consideró la acción como un 'acto agresivo contra cubanos que han expresado su deseo de vivir en libertad y democracia'.


"El senador demócrata por Nueva Jersey, Bob Torricelli, solicitó al Departamento de Estado que otorgara visas humanitarias a los cuatro cubanos que no pudieron llegar a la orilla y que ahora están en un escampavías de los guardacostas.


"El congresista republicano Lincoln Díaz Balart envió una carta al presidente Bill Clinton en la cual manifestó su indignación por la acción de los guardacostas el martes.


"Un portavoz de la Casa Blanca manifestó el martes que Clinton había sido informado de lo sucedido en las costas de la Florida.


"'Todo parece indicar que este es el resultado de una operación de tráfico de indocumentados, en la cual cubanos pagaron miles de dólares para ser dejados cerca de la costa', dijo un vocero de la Casa Blanca, quien prefirió no ser identificado".


De inmediato se desataron los ataques contra los acuerdos migratorios. El propio 30 de junio, el Nuevo Herald afirmó en un editorial: "Las imágenes de los guardacostas acosando y deteniendo a 6 refugiados cubanos que trataban de llegar a nado a las costas de la Florida valen más que los cientos de palabras de la política migratoria entre Cuba y los Estados Unidos".


Un cable de REUTER fechado en Miami el 1 de julio informó que "el legislador Lincoln Díaz Balart exhortó también al gobierno estadounidense a suspender un acuerdo de inmigración por el cual todos los emigrantes cubanos interceptados en alta mar son por lo general devueltos a Cuba y a los que logran llegar a tierra firme se les permite quedarse en el país y pedir asilo político.


"Díaz Balart instó además a Washington a iniciar 'un programa de asistencia serio y vigoroso', para los cubanos que luchan para derrocar al gobierno del presidente Fidel Castro.


"'La crisis cubana y la tragedia de la opresión del pueblo cubano no pueden ser tratadas por más tiempo como un asunto migratorio. Hay que enfrentarla en toda su magnitud', dijo el legislador.


Bajo el título de "Albergan dudas sobre cómo llegaron a Florida los balseros", la agencia NOTIMEX informó el 1 de julio: "Estados Unidos liberó a 6 balseros cubanos, cediendo a las protestas de grupos de exiliados, en medio de versiones sobre cómo arribaron a las costas estadounidenses y no que hubieran cruzado en su navío a Miami Beach.


"Investigadores dijeron estar convencidos de que los 6 cubanos habían sido dejados cerca de las costas de Florida, luego de que algunos datos de sus entrevistas fueron contradictorios.


"'Después de 6 días en el mar, como dijeron haber estado, se hubieran deshidratado y no hubieran tenido la energía para brincar al mar y nadar', indicó el vocero de la patrulla fronteriza, Dan Geohegan.


"'Sus labios hubieran estado totalmente resecos, y no fue así', declaró por su parte Jim Orgeck, un agente de la patrulla fronteriza que entrevistó a los indocumentados.


El 1º de julio de 1999 la CNN de Miami bajo el título "Cubanos detenidos en la Florida fueron introducidos por contrabandistas", informó:


"La patrulla fronteriza de Estados Unidos informó este miércoles que considera que 6 cubanos detenidos cuando trataban de desembarcar en el sur de la Florida habrían sido introducidos al país como parte de una operación de contrabando de indocumentados.


"El jefe de la oficina en Miami de la patrulla, Keith Roberts, expresó que las declaraciones de los cubanos detenidos el martes presentaban varias inconsistencias. Se destacó especialmente el hecho de que no presentaban demasiadas huellas de haber estado expuestos al sol o haberse deshidratado como suele ocurrirles a la mayor parte de los balseros cubanos, expresó Roberts.


"Sus manos tampoco presentaban el daño asociado con haber remado entre la Isla y la Florida. Las autoridades sostienen que aunque la llegada de los cubanos a bordo de un pequeño bote causó una fuerte impresión en la televisión local, la operación habría sido orquestada por parte de contrabandistas de ilegales.


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"El Departamento de Estado les ha concedido asilo a los seis, finaliza la CNN."


Realmente resulta difícil que un bote de remos, partiendo de Caibarién en el centro de Cuba, arribara a Estados Unidos a la altura de Miami Beach, situada a 400 kilómetros de distancia en línea recta, entre una calle y una avenida de la ciudad, y llegaran tan frescos como una lechuga.


Ese día 1º de julio, el Nuevo Herald publica: "El alcalde de Hialeah, Raúl Martínez, participó en una reyerta ocurrida la madrugada del miércoles en la autopista Palmetto 826, que culminó con el jefe de la policía herido en la cabeza y 7 personas arrestadas.


"Los incidentes captados por la televisión local mostraron al alcalde corriendo en mangas de camisa por la autopista, y dándose vuelta para liarse a puñetazos con un hombre más pequeño y delgado, mientras varios policías y personas intentaban separarlos.


"Todo ocurrió alrededor de las 2:00 a.m., cuando una protesta cívica en respaldo a los balseros cubanos hostigados por los guardacostas el martes por la tarde se transformó en una batalla campal".


"Según el alcalde, él fue agredido primero. 'Yo no le voy a permitir a nadie que me dé un trompón y siga tan campante; yo no pongo la otra mejilla', dijo Martínez al comentar lo sucedido.


"'Los derechos de protestar de las personas en Hialeah siempre se respetarán, pero no voy a permitir que vándalos se apoderen de nuestras calles', agregó Martínez al explicar lo sucedido.


"Minutos después de este incidente el jefe de policía del municipio, Rolando Bolaños, fue agredido con una pedrada en la cabeza y tuvo que ser conducido a un hospital cercano, donde fue necesario coserle la herida con seis puntadas.


"Bolaños dijo al Nuevo Herald que los incidentes fueron protagonizados 'por grupos de pandilleros'".


Un despacho de la agencia EFE del 2 de julio, reporta que "40 organizaciones del exilio cubano solicitaron hoy la derogación de los acuerdos migratorios suscritos por Washington y La Habana, alegando que el trato dado a 6 balseros cubanos que cubrieron a nado 500 metros hasta alcanzar la playa de Miami Beach es consecuencia de esos pactos.


"Las organizaciones, que en su mayoría tienen sede en Miami, señalaron en un comunicado que 'los hechos ocurridos son consecuencia directa del pacto migratorio firmado en 1995.'


"Asimismo las organizaciones demandan la revisión inmediata de 'la política de acercamiento hacia Cuba para que no se prolongue la permanencia de Fidel Castro y su régimen en el poder' y el fortalecimiento al apoyo a la oposición interna de Cuba.


Un despacho de AFP del 3 de julio señala: "Cientos de cubano-estadounidenses se manifestaron este sábado para que se derogue el acuerdo migratorio entre Washington y La Habana.


"El alcalde de la ciudad de Miami, Joe Carollo, se solidarizó en la Pequeña Habana de Miami con los manifestantes.


"De cara a las elecciones presidenciales del 2000 ninguno de los partidos principales de Estados Unidos quiere ofender a los cubano-estadounidenses, de cuyos votos siempre podría depender la victoria en el Estado de Florida, y teóricamente hasta la misma Casa Blanca."


Ese día 3 el Nuevo Herald, entre otras cosas publicó que "la política tradicionalmente adoptada por el Servicio de Inmigración y Naturalización es de repatriar a los cubanos 'que aún están mojados', que no se encuentren en tierra firme. Según Kelly Spellman, portavoz del Servicio de Inmigración y Naturalización de Miami, la oficina local 'no tuvo nada que ver' con la decisión de dejar que estos cubanos permanecieran en Estados Unidos. 'Eso fue algo que vino desde allá arriba, directamente desde Washington'".


El 6 de julio un despacho de EFE informa que "las autoridades de Washington están analizando una propuesta de Cuba para devolver a Estados Unidos a 26 estadounidenses detenidos en la isla caribeña por ser sospechosos de hacer contrabando de inmigrantes, informó hoy el Departamento de Estado.


"'No hemos dado una respuesta formal al gobierno de Cuba, excepto asegurar nuestro compromiso para combatir el contrabando de inmigrantes', dijo James Foley, portavoz adjunto del Departamento de Estado."


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"A las costas de Florida llegaron más de 1.200 inmigrantes cubanos en el primer semestre del año, la mayoría traídos por bandas de contrabandistas que operan en ese Estado y que llegan a cobrar hasta diez mil dólares por el viaje, según dijo la patrulla fronteriza".


El 6 de julio la agencia EFE expresa desde Miami: "La detención en Cuba de dos contrabandistas de inmigrantes que operan desde Miami confirma la sospecha de las autoridades locales de un floreciente tráfico ilegal de cubanos.


"'El 80 por ciento de los cubanos que han llegado a las costas de la Florida han sido traídos por contrabandistas', declaró el portavoz de la patrulla fronteriza, Daniel Geoghegan."


Al día siguiente, Notimex informa desde Washington: "El gobierno de Estados Unidos admitió hoy que el tráfico de cubanos indocumentados está en aumento, sin embargo, rechazó que esta situación pueda ser considerada una crisis migratoria de Cuba hacia este país.


"La administración que encabeza el presidente William Clinton dijo estar consciente del incremento en el número de organizaciones de estadounidenses que se dedican al tráfico de cubanos indocumentados.


"Según el Departamento de Estado se ha registrado un incremento en el número de cubanos indocumentados que han entrado o intentado entrar a Estados Unidos, lo cual refleja que hay más organizaciones dedicadas al tráfico de inmigrantes de la Isla caribeña.


"'No hay indicios de que Cuba haya flexibilizado su política migratoria para promover la migración indocumentada y esperamos que el gobierno cubano continúe cumpliendo con sus acuerdos migratorios', declaró el portavoz del Departamento de Estado.


"Estados Unidos está comprometido con la promoción de la migración legal y segura, y a cumplir con el acuerdo mutuo firmado con Cuba el 9 de septiembre de 1994 y ratificado el 2 de mayo de 1995, enfatizó el vocero diplomático."</