Argentina: Primero la patria

 

 

 

ARGENTINA… ARGOSIS: ENERO 02 DE 2017…

 

xMario Della Rocca*

(para La Tecl@ Eñe)

 

Frente a los reacomodamientos políticos tras la derrota electoral en 2015, CFK convoca al mandato de primero la Patria (el pueblo), después el movimiento y por último los hombres. La neutralización y marginación del kirchnerismo y de su líder, es el nudo gordiano a comprender para realizar el análisis del proceso kirchnerista del 2003 a la fecha…

 

Juan Domingo Perón disparó muchas frases en su vida que han quedado selladas en la cultura política argentina. Una de ellas, “primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres”, ha sido históricamente muy utilizada e interpela fuertemente a la actividad política.

 

Una aclaración primaria nos llama a considerar que la frase proviene de un líder político, quizás el más grande que tuvo la Argentina. Como decimos popularmente, “tenía espalda” para emitir ese concepto político contundente, dirigido al pueblo (simbolizado en la Patria)[1], al Movimiento Peronista (una asociación de individuos con un fin político) y a los hombres (a los peronistas, en forma individual).

 

Más allá de las consideraciones político-ideológicas sobre su figura y tipo de liderazgo, Perón miraba los intereses de la Patria y el pueblo porque su rol de conductor nato y formado se lo permitía, con el aval de saber cómo construir poder político. No dejaba por supuesto de obrar manteniendo su poder como líder (en la faz de su interés particular) pero eso no era un obstáculo para mantener su interés por el destino de su país. Y si hay virtuosidad política, como la había en Perón, su interés particular se ensambló con el de su Patria y logró mantener una adhesión popular que fue la esencia de su liderazgo durante décadas.

 

Hoy es tiempo de traer esa famosa frase y sus consideraciones históricas a los debates que recorren en la actualidad al movimiento político kirchnerista y a las evaluaciones de sus gobiernos. Me parece pertinente y urgente. Como tarea fundamentalmente de la militancia, de los cuadros políticos, y dentro de ellos a los intelectuales en el sentido amplio del término, como lo postulaba Antonio Gramsci.

 

Los dirigentes políticos que acompañaron y acompañan al kirchnerismo, en su mayoría han tomado un camino, que podrán o no cambiar en el futuro. Algunos optaron por afirmarse en las prioridades de la frase de Perón, otros la invirtieron y forman parte o son funcionales al proyecto político neoliberal que somete a la mayoría de los argentinos y recrea las “relaciones carnales” con los países más poderosos. Si el kirchnerismo tuvo esa capacidad de dar visibilidad a dos proyectos fuertemente polarizados de nación, los “movimientos” o los hombres no pueden escapar de esa tendencia, por más que lo intenten. Muchos hablan y hablarán de “grises”, “matices”, “tiempismo”, “moderación”, sintetizados en la frase muy escuchada de que “hay que ser gobierno de nuevo, de cualquier manera, después se ve”. Pero la lucha política real por proyectar qué país queremos después de 12 años de logros, pasa por otro lado.

 

La entiende brillantemente Clarín, no sólo apostando y jugando con todo su poderío a la reestructuración neoliberal salvaje que está ejecutando el gobierno de Mauricio Macri (las condiciones objetivas), sino también con su mensaje dirigido al sentido común de la sociedad (las condiciones subjetivas). Y además recientemente nos sorprendió llamando a la acción de su masa adherente. No otro objetivo tiene la frase “Ahora sabés, ahora que sabés, hacé algo” de su reciente publicidad institucional que inundó las calles. Una claridad meridiana para insertarse en la lucha hegemónica por la que atraviesa la Argentina, por ahora con un ganador parcial que queda claro y que intenta consolidar su poder.

 

"Mientras hoy muchos ponen su esfuerzo en preservar intereses de grupo o personales (moviéndose en el ámbito del movimiento o de los hombres) la líder kirchnerista sigue apostando a la recuperación del país con gran dignidad, de la misma manera en como Néstor Kirchner ofrendó su vida por los argentinos. Nos está llamando al mandato de que primero está la Patria (el pueblo), después el movimiento y por último los hombres. Con dos pilares básicos de su liderazgo: la pasión militante que despierta en muchos argentinos y siendo expresión conductora de una transversalidad político-ideológica como la que pretendía Néstor Kirchner."

 

Consolidar su poder con la claridad que Mauricio Macri es el encargado de hacer el “trabajo sucio” de la reestructuración neoliberal, mientras el establishment (entre ellos por supuesto Clarín y sus satélites) preparan un recambio seguramente “pejotista”, identificado lo más cercanamente al pasado kirchnerista (Massa, Urtubey u otro), para estabilizar el statu quo que se heredará –si el pueblo lo permite- después del gobierno de Cambiemos[2].

 

La neutralización y marginación del kirchnerismo y de su líder es inherente a esa intencionalidad política. Éste es el nudo gordiano que tenemos que comprender cuando nos adentramos en tiempo y espacio en el análisis del proceso kirchnerista del 2003 a la fecha y con mayor énfasis en la actualidad.

 

En el momento histórico real por el que atraviesa la Argentina al kirchnerismo se le presentan urgencias políticas. Va concluyendo el tiempo del debate retrospectivo y urge dar respuesta a una batalla política y posicionarse en torno a los apoyos a figuras, proyectos e ideas.

 

Cristina Fernández de Kirchner, como Néstor Kirchner, miraron los intereses de la Patria y el pueblo como lo hacía Perón. Para eso construyeron determinado poder político desde el año 2003. Cristina lo continúa haciendo, por eso es víctima de una persecución judicial y mediática sin antecedentes desde el año 1955. Todos estos líderes no dejaron ni dejan de actuar con sus humanidades a pleno, no exentas de errores y desaciertos, pero puntuales y perfectibles si creemos sinceramente en la posibilidad de “volver mejores”.

 

Balanceados los errores y desaciertos en el bagaje de los doce años de progreso y felicidad por los que transitamos como pueblo argentino, éstos deben evaluarse en su justo término. Así como debe evaluarse con rigurosidad la derrota electoral del año 2015, apenas por dos puntos porcentuales en un ballotagge, luego de doce años de gobierno y sin la postulación de la más prominente candidatura.

 

Mientras hoy muchos ponen su esfuerzo en preservar intereses de grupo o personales (moviéndose en el ámbito del movimiento o de los hombres)[3], la líder kirchnerista sigue apostando a la recuperación del país con gran dignidad, de la misma manera en como Néstor Kirchner ofrendó su vida por los argentinos. Nos está llamando al mandato de que primero está la Patria (el pueblo), después el movimiento y por último los hombres. Con dos pilares básicos de su liderazgo: la pasión militante que despierta en muchos argentinos y siendo expresión conductora de una transversalidad político-ideológica como la que pretendía Néstor Kirchner.

 

Estimo que es hora de actuar y posicionarse políticamente con claridad para sumar fuerzas frente a un enemigo poderoso que hoy domina los recursos de poder, que sólo puede ser condicionado por la expresión de la voluntad popular. Sin cejar en trabajar en los temas que el kirchnerismo aún adeuda como fuerza transformadora a la porción de la sociedad que lo acompaña. En mi humilde agenda anoto un recambio de figuras, especialmente en cargos claves, un mayor énfasis en la construcción política organizada (Unidos y organizados aún no ha dado respuesta a la necesidad, el Frente Ciudadano es una herramienta a continuar trabajando) y un trabajo a fondo en el diseño de un esquema de comunicación política a la ciudadanía más sólido de lo que fue en el pasado.

 

Los debates seguirán, y es sano que así sea. Lo importante es no caer en la anomia del nihilismo, no valorar adecuadamente lo conseguido y no fortalecerse cuando los tiempos políticos lo requieren.

 

Como lo señaló en un artículo de esta revista el politólogo Edgardo Mocca el kirchnerismo fue una contingencia en la historia argentina, y la realidad política actual muestra crudamente esa realidad. Está en muchos de nosotros transformar hacia el futuro esa contingencia en un proyecto de transformación nacional y social sostenible con el horizonte de lograr una plena igualdad de oportunidades para todos los argentinos.

 

*Mario Della Rocca es historiador, escritor, periodista y asesor legislativo. Autor de los libros “Gramsci en la Argentina. Los desafíos del kirchnerismo”, “La Cámpora sin obsecuencias. Una mirada kirchnerista” y “Macri & Durán Barba. Globos, negocios, círculo rojo y guerras sucias”. Co-Editor de la revista “Comunidad y desarrollo en la batalla cultural” y columnista permanente en el diario “Visión Z” de Bolivia. Coordinador del grupo “Gramsci en la Argentina” en la red social Facebook.

 

Notas:

[1] No podemos ocultar que hubiéramos preferido que, si bien en ideologías que nutren al campo nacional y popular Patria es sinónimo de Pueblo, la primera palabra de la frase hubiera sido “Pueblo”.

[2] Ver el artículo de mi autoría Operativo en marcha: ”Un peronismo sin Cristina” en la revista La Tecl@ Eñe. http://www.lateclaene.com/della-rocca-mario

[3] Un concejal del Partido Justicialista de la localidad de El Bolsón me dejó una frase ejemplo de esas conductas: “Estamos en momentos de la transición justicialista”. Por supuesto lo entendí como una espera a acomodarse al poder emergente, proviniere de donde proviniere, en el momento indicado. Aún más audaces son quienes hablan de la necesidad de una “renovación justicialista” y levantan como figura a Antonio Cafiero, como si el kirchnerismo pudiera compararse con el PJ de la recuperación democrática en 1983, en manos de Italo Lúder, Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias.

 

Fuente: http://www.lateclaene.com/della-rocca-mario-coha

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