Opinión: Donald Trump y la crisis de los Estados Unidos

28/12/2016

 

OPINION… ARGOSIS: DICIEMBRE 28 DE 2016…

 

xJesús Arboleya

28 de diciembre, 2016…

 

LA HABANA. Afirmar que Estados Unidos está en crisis pudiera parecer una exageración, toda vez que continúa siendo el país más rico y poderoso, donde se concentran los principales avances científicos y del cual emerge una cultura que impone sus patrones al resto del mundo. Sin embargo, así lo aprecian importantes especialistas de diversas inclinaciones ideológicas y sus síntomas se manifiestan en muchos aspectos de la vida de esa nación.

 

Zbigniew Brzezinski, uno de los intelectuales más influyentes de Estados Unidos, ha dicho que el deterioro del país se expresa en la existencia de una deuda nacional insostenible, en la poca fiabilidad del sistema financiero, en el deterioro de la infraestructura interna, en la profundización de las desigualdades sociales, así como en la polarización política existente y la ignorancia del pueblo norteamericano para encararla, lo que lo hace muy vulnerable a la demagogia de los políticos de turno y la manipulación de los sectores de poder.

 

Pudiéramos agregar la falta de competitividad de su industria manufacturera, el derroche de energía, la contaminación y la falta de cuidado al medio ambiente, la irracionalidad de los gastos militares, la ausencia de cobertura de salud y protección social para millones de personas, las insuficiencias del sistema educacional, así como los conflictos étnicos, raciales y culturales, para solo citar los problemas más evidentes de un sistema basado en un consumismo desenfrenado, que no tiene asidero en la economía real.

 

La elección de Donald Trump ha sido un reflejo de esta complejidad. En ella se expresó el descontento de la clase trabajadora blanca por la pérdida de sus empleos tradicionales, la xenofobia contra los inmigrantes, el racismo respecto al resto de las minorías, los conflictos culturales como resultado del quebranto de los valores dominantes, la falta de credibilidad del sistema político y el deterioro en la capacidad de gobernabilidad de las instituciones del sistema.

 

Esta vez la elección no la decidió el dinero, los medios informativos y culturales, ni el peso relativo de las estructuras políticas tradicionales, sino la cólera o el desencanto de los votantes, lo que ha llevado a Paul Krugman, premio Nobel de economía, a afirmar que la democracia estadounidense se encuentra al borde del abismo.

 

Trump se alzó con la victoria contra la voluntad de ambos partidos, las corporaciones mediáticas, incluso contra la mayoría de los grandes intereses económicos, cuyos lobbies decidieron no apoyarlo. Fue la victoria de lo que algunos denominan la tendencia “nacionalista/populista”, que se ha traducido en un gobierno de millonarios, paradójicamente avalado por el voto de importantes sectores de la clase obrera blanca, especialmente los menos cultos y más intolerantes respecto a asuntos sociales o religiosos.

 

Saltan a la vista profundas contradicciones dentro de la élite de poder norteamericana y ello debe tener repercusiones a escala nacional e internacional. Pudiéramos estar en presencia del intento de reacomodar las reglas  del juego mundiales a favor de aquellos sectores de la oligarquía norteamericana que se han visto perjudicados por la globalización o esperan obtener mayores ventajas de la misma, lo que implicaría imponer mediante la fuerza, ya sea económica o militar, los intereses de Estados Unidos en el mercado internacional.

 

Esta lógica es la que pudiera explicar la revisión de los tratados de libre comercio, con vista a cumplir con la promesa de Donald Trump de conseguir “mejores acuerdos” para Estados Unidos y explica la reacción positiva que, al menos temporalmente, ha tenido su elección en la bolsa de valores norteamericana, cuando debiera ocurrir lo contrario. Al parecer, los grandes consorcios financieros norteamericanos perciben que, a la larga, el nuevo presidente será igualmente funcional a sus intereses, al margen de cuál haya sido su discurso de campaña.

 

Bajo estas condiciones será muy difícil negociar con el gobierno norteamericano y ello augura contradicciones con un amplio diapasón de países, incluyendo a los propios aliados. No obstante, una cosa es pretenderlo y otra poderlo lograr, está por verse si Estados Unidos está en condiciones de imponer reglas leoninas en el mercado internacional, donde rigen intereses nacionales y multinacionales que no pueden ser ignorados y si el “pragmático” Donald Trump acaba por reconocerlo.

 

Por otro lado, resulta poco probable que Trump pueda resolver los problemas que aquejan a la economía norteamericana. El capital financiero no modificará su naturaleza especulativa, afectando los niveles de inversión productiva; no volverán a Estados Unidos las empresas que han emigrado en busca de mejores cuotas de ganancia, lo que constituye un ley objetiva del capitalismo; mejores niveles de competitividad y el aumento de los empleos en el sector manufacturero solo  puede alcanzarse mediante la depreciación de los salarios; la llamada “industria del conocimiento”, base del desarrollo de las grandes multinacionales, continuará requiriendo menos y más calificada fuerza de trabajo y las reducciones de impuestos propuestas por Trump, se traducirán en una mayor disminución de los servicios sociales y la inversión en la educación, aumentando la desigualdad crónica del sistema.

 

Más que disminuir, las tensiones sociales deben aumentar como resultado de la propia ideología gubernamental y ya se aprecia el aumento de las contradicciones políticas internas, debido al cuestionamiento de un presidente que ni siquiera obtuvo el voto de la mayoría de los electores ni cuenta con una base política debidamente estructurada. Incluso constituye una incógnita cuál será la relación de Trump con su propio partido y está por verse la reacción de los demócratas y otras fuerzas políticas alternativas ante su elección.

 

Casi todos los países desarrollados confrontan problemas más o menos similares, para no hablar del Tercer Mundo, donde el deterioro económico y social alcanza magnitudes espantosas. Se trata, por tanto, de una crisis sistémica mundial, resultado de la globalización neoliberal, de la que ni siquiera Estados Unidos ha logrado salvarse a plenitud.

 

Es por ello que algunos definen la victoria de Donald Trump como un movimiento “antiglobalización” e incluso le achacan virtudes renovadoras del orden internacional vigente, pero ello sería esperar que los sectores de poder norteamericano actúen contra de la propia naturaleza del capitalismo y los intereses donde se asienta el sistema de dominación de Estados Unidos en el mundo.

 

En verdad, aún cuando pudiera tener sus efectos en la arquitectura económica mundial, esta alianza de magnates nacionalistas y sectores de la clase media blanca, cohesionados a partir del ultraconservadurismo más fundamentalista, dan forma a una corriente muy peligrosa, no ajena a las tendencias neofascistas que también están ganando fuerza en Europa. Ese es el peligro real al cual nos estamos enfrentando todos, incluso los norteamericanos, porque a eso puede llevarnos la crisis de Estados Unidos.

 

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Temas: Donald Trump, EE.UU, sociedad norteamericana

 

Fuente: http://progresosemanal.us/20161227/donald-trump-la-crisis-los-estados-unidos

 

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